Siervo de YAHVÉ ¿Israel o el Mesías?
Siervo de YAHVÉ: Introducción
Heb. ébed Yahweh, ה ו ה י
בֶ ﬠֶ ד ; gr. dulos tu Kyríu, δολος το Κυρ ου = «siervo del Señor». Expresión
utilizada en varios sentidos, aplicada indistintamente a individuos y
colectividades.
El Siervo de Yahvé se
menciona en Is. 42:1-4; 49:1-6; 50:4-9; 52:13-53:12, cuatro textos
identificados como “Cantos del Siervo” por el teólogo alemán Bernard
Duhm, quien argumentó que eran adiciones posteriores al Deutero-Isaías, profeta
del exilio. Duhm propuso una relación entre ellos, uniéndolos en una sola
profecía, a pesar de encontrarse separados.[1] El resultado de la
atomización de los cantos de su presente contexto literario ha generado una
plétora de posturas sobre la identidad y función del siervo, clasificados en el
trabajo de C. R. North.[2] Colin Kruse ha clasificado
las trayectorias interpretativas sobre los “cantos del siervo” a partir
de 1978.[3]
Mientras que la postura
de Duhm ha tenido un gran eco en casi todas las escuelas interpretativas, los
estudios más recientes han demostrado la dificultad de leer los llamados “cantos
del siervo” como si fuesen un libro insertado posteriormente en el contexto
literario del Deutero-Isaías. Varios críticos observan que esta postura pasa
por alto tanto el tema del siervo en otras partes de Isaías como los mismos
avances en las ciencias lingüísticas.[4] Por un lado, las propias
formas literarias de cada “canto” difieren mucho entre sí. Por ejemplo,
en Is. 49:1-9 el siervo se dirige a las naciones, mientras que en Is.
52:13-52:13 no es el siervo quien habla, sino Dios y la comunidad.[5]
Por otra parte, Is 42:1-4
—considerado por Duhm como posterior al Deutero-Isaías— se relaciona
literariamente con Is. 41:8-10, texto que enuncia el status de Israel como “siervo”,
pero que, según la mayoría, fue escrito por el mismo Deutero-Isaías.[6] Otros estudios destacan,
igualmente, la relación entre los “cantos del siervo” y el contexto
literario mayor. J. Goldingay, por ejemplo, observa que los enunciados del
siervo son precedidos en ambos casos por escenas de disputa jurídica (la
disputa en Is. 41:1-7 viene antes del enunciado del siervo en Is. 41:8-10 y la
disputa en Is. 41:21-29 antes del primer canto del siervo en Is. 42:1-9). Por
otra parte, los oráculos de la salvación vienen inmediatamente después de los
textos del siervo (p.ej., el tema del siervo en Is. 41:8-10 es seguido por el
oráculo en Is. 41:17-20 y el primer canto del siervo en Is. 42:1-9 es seguido
por un segundo oráculo de salvación en Is. 42:14-17), realzando así una
progresión literaria intencional.[7] Richard Clifford, por otra
parte, observa que Is 42:1-7 funciona literariamente como giro repentino del
discurso a los dioses que no pueden hablar por medio de sus imágenes. Destaca
que el contraste entre Yahvé y los dioses (Is. 41:21ss) se realza al presentar
a estos que no pueden hacerse presentes en sus iconos/ídolos como folio para
Yahvé, quien hace presente su gloria y justicia por medio de su icono, el
siervo Israel (Is. 42:1ss; 49:3).[8]
Similarmente, Philip
Harner defendió que la secuencia literaria de los enunciados sobre Ciro
seguidos por los referentes a Israel/siervo implican que el monarca persa
prepara el terreno para la misión del siervo.[9] En resumen, las conexiones
literarias entre los llamados “cantos del siervo” y el entorno literario
sugieren que la postura de Duhm ya no goza del privilegio interpretativo de
antes. Por supuesto, se podría argumentar que los cantos fueron adiciones
secundarías, pero cabe recordar, argumenta Jacob Stromberg, que B. Duhm había
aislado estos cantos de su contexto literario original, debido a su escasa
relación con los textos de alrededor.[10] Finalmente, la misma
nomenclatura “cantos del siervo” ha cargado los textos con un matiz de
diferencia con otros textos de Isaías 40-66 que no es del todo apropiado. John
Goldingay observa que los llamados “cantos del siervo”, en algunos
casos, son menos líricos que otros textos (Is. 42:10-12), mientras que el
estilo poético de los “cantos” no es tan distinto al gran porcentaje del
Deutero-Isaías.[11]
La renovada búsqueda para
relacionar los “cantos del siervo” con el contexto literario mayor, sin
embargo, no deja de lado el intento de identificar ecos de figuras evocadas por
el texto que puedan corresponder con la del siervo de Yahvé, a saber: el
profeta Isaías (Orlinsky, North), Ciro (Smith, Blenkinsoop, Latto), Darío[12], Jeremías (Goldinday),
Moisés[13] o el Israel glorificado
(Smart). Wilcox-Paton sugiere una combinación de figuras.[14] Otros han sugerido que la
figura del Siervo y Sión deberán ser leídos en estilo poético: el siervo
(masculino) describe la misma realidad de Sión (fenemino).[15]
Schöckel y Sicre comentan
que la misma imprecisión al identificar al siervo es intencionada por el texto
mismo, que pretende facilitar la transición entre varias figuras. Es más
preciso preguntar ¿a quién se asemeja el siervo? que preguntar ¿quién es el
siervo?.[16]
Asimismo, H. Simián Yofre comenta que la falta de referencia histórica dentro
de los cantos del siervo implica que el texto no se centra en identificar al
personaje, sino en realzar su manera de ser ante Yahvé.[17] En vista de la relación
literaria entre los “cantos del siervo” y su entorno literario mayor, a
continuación clasificamos el tema del siervo de Yahvé en los siguientes
bloques: (a) el siervo a la luz de Is. 1-39, 40-48, (b) el siervo en 40-55, y
(c) el siervo en Is. 56-66.
Función del tema del siervo de Yahvé a la luz de Isaías 1-39 y 40-48
Mientras que C.R. North
(1964) había sugerido que el siervo era más profeta que rey[18], la mayoría de estudiosos
actuales entienden la figura del siervo, personaje corporal, como una figura
real. Curiosamente, ni Isaías el profeta ni el rey aparecen mencionado después
de Is. 39:8, fenómeno que abre posibilidades para la interpretación de los
“cantos del siervo”. La pregunta que esto suscita es: ¿Qué habrá sucedido con
la función del rey? H. G. M. Williamson responde sugiriendo que las tareas
administrativas del rey — como la instrucción o la arbitración de mishpat
(justicia) a la luz de la Torah— son aplicados a la figura del siervo de Yahvé
en Is. 42:1-7 e Is. 49:1-9 (cf. Is. 9:6; 16:5; 32:1; 2 Sam. 8:15 con Is. 42:1 7
y 49:1-9). Es decir, el siervo hace lo que hace un rey. En concreto, el
Deutero-Isaías, defiende Williamson, emplea Is. 2:2-4 —escrito posterior al
Isaías del siglo VIII pero anterior al Deutero Isaías— como punto de partida
para desarrollar la tarea del siervo como una empresa real.[19]
El estudio de Peter
Ackryod anticipaba de cierto modo la idea de transferir la vida del rey al
pueblo al corresponder los quince años adicionales dados al rey Ezequías con
los años adicionales de vida que recibe el pueblo de Judá antes del saqueo
babilónico (Is. 36-39). En efecto, el siervo Israel recibe la misma promesa
dada a Ezequías: más años.[20] Brevard Childs,
similarmente, comenta sobre la conexión entre las promesas hechas al rey David
en Is. 1-39 entendidas como transferidas a los siervos del Señor en Is. 55:1-3.
En efecto, el pueblo “siervo de Yahvé” (Is. 41:8ss) ahora se encuentra en la
posición del rey mencionado en Is. 1-39.[21] En una línea similar,
Edgar Conrad ha demostrado la relación entre el rey de Is. 1-39 y el siervo al proponer
que los textos con la frase “no temas” dicha al rey (Is. 7:4; 37:6) sean
reformulados y aplicados al siervo Israel durante el exilio en Babilonia (Is.
41:10). Es decir, al pueblo se le habla como si fuese un rey.[22]
La relación entre rey
(Is. 1-39) y pueblo-siervo (Is. 40ss) también ha sido observada en la
continuidad del tema de la ceguera, decretado en Is. 6 pero personificado en el
mismo rey Acaz (Is. 7-9).[23] Esta misma ceguera
decretada encuentra su continuidad en el siervo ciego y sordo de Is. 42:18-20.
La relación entre la ceguera simbólica del rey (Is. 6:9ss, Is. 7-9) y del
pueblo (Is. 42:18-20) marcaría a los exiliados de una manera profunda al ver al
rey de Babilonia sacar los ojos de su propio rey Sedequías (Jer. 52:11). Por
otro lado, la liberación del Rey Joaquín (Jer. 52:31) por Evil-merodac de
Babilonia hubiera dado esperanza al pueblo-siervo cautivo en la misma
Babilonia. Más concretamente, la liberación del rey suscitaba esperanzas de
liberación para el pueblo-siervo.[24] En resumen, como el
siervo comparte la identidad, ceguera y liberación del rey, comparte también la
visión textual del implemento de la justicia (Is. 9:1-7; 32:1-8 cf. 42:1-7 y
59:14 16). A partir, entonces, del Deutero-Isaías, las tareas y experiencias
del rey davídico han sido transferidas al pueblo-siervo, nuevo agente real de
Yahvé. Este proceso ha sido conocido dentro de los estudios isaianos como el
proceso de la democratización.
El Siervo como testigo y agente de la nueva creación (Is. 1-39 y 40-48).
Dentro de Is. 40-48, la
doctrina de Yahvé como creador es también punto de partida para el tema del
siervo de Yahvé. Ben Ollenburger ha defendido que la lógica de Dios como
creador en Is. 1-39 es el impulso tras la perspectiva de Yahvé como creador en
Is. 40-55, contexto mayor de los “cantos del siervo”. En concreto, en Is. 1-39
el lenguaje de la creación es el más adecuado para expresar tanto el dominio
universal e irresistible de Yahvé como su defensa de la Jerusalén terrestre y
de la dinastía davídica (Is. 10:5; 37:16 cf. Sal. 46, 48, 76). El contexto del
Deutero-Isaías es obviamente distinto. Ahora, argumenta Ollenburger, el
Deutero-Isaías tuvo que expresar que Yahvé era rey universal mientras
Sión/Jerusalén estuviera bajo control extranjero. Desde allí, el profeta del
exilio, valiéndose de la lógica de Yahvé como creador en Is. 1-39, describe a
las naciones como nada en relación con el creador (Is. 40:17, 28). Habiendo ya
declarado a Israel que su Dios es creador —y que el evento de Ciro es la acción
del creador (45:1ss)—, Yahvé ancla la comisión de Israel como siervo (Is.
42:6-7) en su actividad como creador (Is. 42:5). Es decir, al constituir a
Israel como su siervo, Yahvé constituye a su siervo como testigo y agente de la
nueva creación (Is. 42:8-9).[25] Comenta B. Childs que es
enteramente apropiado vincular el gran énfasis en el poder de Dios el creador
en los capítulos 40ss con la comisión del siervo (Is 42:5).[26] Otros textos que vinculen
la misión del siervo como agente de la nueva creación serían textos como Is.
42:9; 44:3-4; 45:8; 55:10; 61:11).[27]
El siervo como heraldo y agente de una nueva era (Is. 40-48).
Los estudios de
Christopher Seitz y R. Melugin han explorado la relevancia interpretativa del
tema del siervo a la luz de Is. 40 48, y de Is 6:1ss en particular. Seitz
defiende que al compartir el mismo lenguaje con Is 6:1ss, el prólogo del
Deutero-Isaías (Is. 40:1-11) implica lo siguiente: así como Yahvé buscaba un
heraldo para la palabra de juicio decretado en Is. 6:1ss, ahora Yahvé busca
nuevos heraldos que pronuncien buenas nuevas a los exiliados en Is. 40:1-11.
Serán estos heraldos —entre ellos el siervo— quienes anunciarán la palabra de
Yahvé, palabra que invierte el decreto de juicio y proclama la restauración del
exilio (Is. 40:2). Seitz concluye que los capítulos 40-48 sostienen la
preocupación central de una “narrativa de comisión” tradicional que
implícitamente pregunta: “¿Quién aceptará el llamado para ser el heraldo que
Dios busca en Isaías 40:1-11?”. Según Seitz, el texto deja la respuesta en suspenso
hasta Is. 49:1, cuando Israel acepta la comisión que Dios le ha dado como
“siervo” (Is. 41:8; 42:1; 43:1; 45:2; 45:4; 48:20). Entonces, no es hasta el
segundo “canto del siervo” (Is. 49:1ss) que el individuo acepta la comisión del
prólogo (Is. 40:1-11). Luego, en Is. 50:4-9 este mismo individuo habla del
apoyo y fuerza que recibe de Dios, como alguien que ha aceptado claramente el
papel de siervo.[28]
Al corresponder el siervo con otros heraldos de Sión (Is. 40:9; 52:7), Seitz
también realza la importancia de no enfocar la interpretación de los cantos en
la identidad del siervo, sino en su función.[29]
R.F. Melugin ha realzado
los obstáculos que enfrenta el siervo si acepta la comisión y cumple la tarea
para la cual ha sido llamado desde Is. 40:1-11. Sugiere Melugin que el texto
suscita la pregunta: ¿cómo ha de cumplir el siervo Israel (Is. 41:8-10) la
justicia mishpat (Is. 42:1-4) si duda de haberla recibido de parte de Dios (Is.
40:27)? Según Melugin, esta queja por la falta de mishpat registrada en Is.
40:27 ha sido resuelta en Is 49:4, texto donde el siervo reconoce que su
mishpat está con Dios. Para llegar a tal resolución el papel del primer “canto
del siervo” en Is. 42:1-7 es fundamental porque implica la resolución de la
duda en Is. 40:27, aun antes que el siervo acepte su comisión en Is. 49:1ss. Al
declarar que el siervo Israel cumple la justicia mishpat en la tierra (Is.
42:1-4), se entiende que Israel tuvo que haber recibido justicia primero,
proceso que Melugin designa como doble administración de justicia. La
ambigüedad entre la falta de justicia y su cumplimiento, obviamente, se
extiende a otros aspectos de la misión del siervo. Por ejemplo, el siervo es
llamado a dar vista a los ciego y ser luz a las naciones (Is. 42:7; 49:6), pero
se encuentra, de momento, ciego (Is. 42:19; cf. Is. 6:9ss). Ha de ser alianza
de Yahvé entre las naciones, pero ha violado los términos del pacto (Is. 24:5;
42:6). El siervo ha de liberar a los cautivos (Is. 42:7), pero él mismo se
encuentra cautivo (Is. 42:18-22).[30] Observando esta misma
tensión literaria, H.G.M. Williamson comenta que el ambiente literario que
distingue entre lo que el pueblo-siervo ha de ser y hacer y lo que el siervo es
realmente implica que el primer “canto del siervo” (Is. 42:1-7) deberá ser
leído como una descripción del Israel ideal versus el Israel empírico (Is
42:18-20).[31]
Función del tema del siervo de YAHVE a la luz de Isaías 49-55
El siervo redesignado (49:1-13)
J. Blenkinsopp argumenta
que desde Is. 49:1ss se arranca una nueva atmósfera literaria que la de Is.
40-48, debido a la caída de Babilonia al final del cap. 48:20. A partir de Is.
49:1ss, Babilonia ya no es una amenaza y, por lo tanto, hay mayor énfasis
textual en la resolución de asuntos dentro del pueblo de Dios.[32] Se percibe que los
desafíos de un siervo ciego, sordo y cautivo empiezan a resolverse. La palabra
profética comienza a moldear al siervo mismo, quien ha aceptado su comisión,
demuestra cierta determinación en su misión y está dispuesto a sufrir por ello
(Is. 49:1-6; 50:4-10; 52:13-53:12).[33] No obstante, surge otro
desafío interpretativo: ¿si el siervo es Israel, como puede tener una misión
para Israel (Is. 49:5-6; cf. 44:24)? Esta tensión, según una gran mayoría de
estudios recientes, se aclara tanto a la luz de la sintaxis como la función
giratoria del texto mismo. Sintácticamente, existe una posibilidad de entender
“Israel” en Is. 49:3 como un vocativo con el resultado siguiente: “eres mi
siervo, ¡Oh Israel! Es decir, el siervo es Israel. Otra posible lectura
gramatical que, a su vez, realza la atmósfera nueva del texto, es entender
“Israel” en sentido predicativo: “mi siervo, tú ahora eres Israel”. Esta
interpretación ha sido argumentada por H.G.M. Williamson, quien parafrasea Is.
49:3: “Dios me dijo a mí, ahora te designo a ti como Israel”. Es decir, el
papel de siervo es transferido de Israel/Jacob a la persona que ahora habla
(Is. 49:1ss). El cambio de mediador de Israel a alguien que ahora asume la
función de Israel-siervo se debe a que el primer mediador no cumplió con la
tarea encomendada.[34] No obstante, como Childs
observa, el sentido “colectivo de Israel” (cf. 41:8-10; 42:1-7) no ha sido
reemplazado por una figura profética individual. El siervo, a partir de Is.
49:1ss, es considerado como la encarnación fiel de la nación de Israel,
cumpliendo la tarea del Israel ideal (Is. 42:1-7) que hasta el momento el
Israel empírico no había podido cumplir (Is. 48:1-2).[35] Esta misma línea,
argumenta Williamson, es lo que impulsa a Yahvé mismo a asumir el papel del
siervo: si nadie más lo hace, Yahvé mismo lo hará (Is. 52:1-11).[36] Entender la tarea del
siervo como tarea de Yahvé en Is. 52:1-11 podría resonar como la tarea que
desempeña Yahvé en Is. 42:7, donde, si se leen los infinitivos como gerundios,
se entiende que Yahvé es el sujeto de las acciones (cf. Is. 49:1-9; 61:1-3):
“abriendo ojos…. sacando del calabozo”. Este sentido, sin embargo, no es
recogido por la mayoría de traducciones, que interpretan los infinitivos como
infinitivos finales, lo que requeriría tomar al siervo como sujeto de las
acciones: esto es, Yahvé comisiona al siervo “para abrir ojos . . . y para
sacar del calabozo” (RVA). No obstante, la tarea del siervo ha de ser entendida
como cumplimiento de la voluntad de Yahvé.
El siervo aprendiz (50:4-10)
Si en Is. 49:1-13 se
percibe la madurez del siervo, en Is. 50:4-10 las virtudes interiores del siervo
afloran. Ahora, comenta Childs, el mismo siervo que confesó su fracaso
ministerial frente un pueblo rebelde ahora ve cómo este se vuelve violento
contra él. Es esta experiencia de sufrir afrenta que el siervo tiene que
aprender.[37]
Ya dispuesto a aprender, este “tercer canto” evoca imágenes que invierten la
sordera a la palabra de Dios (6:9ss; 42:18-20). El siervo ahora abre sus oídos
para “oír” (50:4; cf. 49:2). A la vez, el fluir literario de los “cantos” sigue
enfatizando que la aparente falta de justicia en el pueblo (40:27) ha llegado a
ser una experiencia personal de este agente de justicia (50:7-8 cf. 49:4). Esta
experiencia, junto con la determinación del siervo, hace posible que este
comparta la vida de un Dios que no se fatiga (40:28 29) con los fatigados
(50:4).[38]
El siervo sufriente (52:13-52:12)
En Is. 49:4 y en 50:4-10
el tema del sufrimiento del siervo se relaciona con el mismo ministerio del
siervo a un pueblo rebelde. En este último canto del siervo (Is. 52:13-52:12)
se concibe como un sufrimiento vicario hecho por el pueblo de Dios. Mientras
que el sufrimiento de un víctima expiatoria llega a su máxima expresión en este
texto, Michael Brown ha argumentado que el concepto de la muerte de un mediador
sacerdotal en beneficio del otro puede ser aludido en textos como Números
35:32. En vista de la función “real” del siervo (véase arriba), el estudio
reciente de John Walton nos señala nuevas posibilidades para la interpretación
de este último “canto” (J. Walton, “The Imagery of the Substitute King Ritual
in Isaiah ´s Fourth Servant Song”; 2003). Walton ha sugerido que el rito de un
rey sustituto contiene la clave para entender la función de este texto en el
libro de Isaías. En resumen, el rito del rey sustituto se evidencia en pueblos
como los hititas, desde el segundo milenio hasta los tiempos de Alejandro Mago.
La mayoría de descripciones del rito proceden de Asiria. En términos generales,
cuando ciertos presagios de los dioses se interpretaban como amenazas a la vida
del rey, se escogía un sustituto de entre los marginados, prisioneros o
discapacitados, que sería luego sacrificado para la redención del rey. Al
sustituto era común darle una promoción dentro de la sociedad antes de que
muriera. Esta promoción tenía como fin asegurase de que alguien noble muriera
por el rey, concepto que Walton entiende como la exaltación del siervo antes de
su muerte (52:13). El sustituto tenía el papel de rey hasta el momento de su
sacrificio y entierro con los otros reyes de la tierra (Is. 53:9). Pasado el
peligro de los presagios, el rey legítimo regresaría a su trono. En efecto, el
sustituto servía como pararrayos con el fin de que los efectos de los presagios
no destruyeran la vida o reinado del monarca. A diferencia de otros intérpretes
que no ven este rito como trasfondo del texto bíblico, debido a que no existe
una correspondencia exacta, Walton concluye que la falta de tal correspondencia
solo realza la creatividad del profeta al transformar imágenes corrientes en el
Próximo Oriente. Por ejemplo, en Isaías no son los presagios del dios >
Marduk, sino los decretos de juicio de Yahvé sobre su pueblo que llevan a una
posible muerte. Otra transformación observada por Walton es que un verdadero
rey-siervo no escoge a un marginado de la sociedad para morir en su lugar, sino
que muere por los mismos marginados. Por otra parte, el rito desarrolla otra
corriente del tema de la democratización en Isaías. En concreto, la
democratización en este texto no es tanto que la tarea del rey llegue a ser tarea
del pueblo como que los beneficios de la muerte del rey verdadero se extiendan
al pueblo (Walton, “The Imagery of the Substitute King Ritual in Isaiah´s
Fourth Servant Song”). Mientras que el texto realza la visión de un rey
verdadero, ello no implica una interpretación individualista, ya que la
apariencia desfigurada del siervo sigue asemejando a la de Israel mismo (cf.
53:4-7 con Is. 1:4-6).
Función del tema del siervo de Yahvé a la luz de Is. 56-66
Dentro del “Trito-Isaías”,
a diferencia del Deutero-Isaías, la palabra “siervo” aparece en plural (Is.
63:17; 65:8-15; 66:14). La excepción sería el plural de “siervos” en Is. 54:17
pero este verso es considerado por la mayoría como una adición posterior al
Deutero-Isaías (J. Stromberg, Isaiah After Exile: The Author of Third Isaiah as
Reader and Redactor of the Book; 2011). En concreto, pasamos de la figura de un
“siervo” (singular) al tema de los “siervos de Yahvé” (plural) en la última
parte de Isaías. La mayoría de estudios concluyen que esta transición señala
que el “Trito-Isaías” desarrolla el pensamiento del Deutero-Isaías entorno al
tema del siervo. Por ejemplo, W. Beuken ha realzado la importancia de los
“siervos de Yahvé” (Is. 63:17; 65:8-15; 66:14) a tal grado que lo defiende como
el tema principal del Trito-Isaías. En diálogo con el tema de la
democratización de la tarea real (véase arriba), postula que los “siervos”,
descendientes del siervo justo de Is. 53:10 y de Is. 54:17, reciben las mismas
promesas y tareas dadas al siervo Israel en Isaías 42:1-7.[39] Una vez más, igual que en
el Deutero-Isaías, pareciera que la identidad de los “siervos” no es tanto el
enfoque del libro como la propia tarea que desempeñan. No obstante, no faltan
opiniones sobre esa identidad. Por ejemplo, J. Blenkinsopp defiende que los
“siervos” son un subgrupo de etnia judía residente dentro del Imperio romano
que forja la tradición isaiánica con nuevos enfoques.[40] W. Holladay, por otro
lado, ha postulado que los siervos son levitas que denuncian a los
descendientes de Sadoc (sacerdotes de alto rango). Los siervos-levitas,
argumenta Hanson, critican la arbitrariedad de los descendientes de Sadoc y
piden que el Templo se abra a los extranjeros. Frente a los abusos del sistema
sacrificial, llegan a plantearse la necesidad real del Templo (Is 66:1).[41]
Más evidente es lo que
caracteriza a los descendientes del siervo en Is. 53:10, a saber: los siervos
ya no se definen en términos étnicos ni nacionales, sino de fidelidad. Cambia
su perfil. Son los fieles a la alianza que guardan el día de reposo y buscan la
justicia (Is. 56ss). En concreto, ahora se abre paso a la inclusión de los
eunucos y extranjeros fieles que, por implicación, continúan la tarea real dada
una vez a Israel.[42] Tanto los eunucos como
los siervos reciben nuevos nombres (Is. 56:5; 65:15; cf. 62:5), realzando la
correspondencia entre eunucos, extranjeros y siervos como los nuevos agentes de
Yahvé. Lo mismo se percibe en la relectura que hace el Trito-Isaías del tema
del siervo en el Deutero-Isaías. Stromberg observa que mientras en el
Deutero-Isaías Dios escoge (bhr, Is. 42:1; 45:4) a Israel como siervo (Is.
42:1; 45:4; 43:20), en el Trito-Isaías son los justos “siervos” quienes escogen
lo que a Dios le agrada (Is. 56:45; 65:12; 66:2) (Isaiah After Exile, p. 82)
Finalmente, el Trito-Isaías parece invertir otro aspecto del Deutero-Isaías en
torno al siervo. Si el siervo en el Deutero-Isaías es constituido heraldo y
agente de la nueva creación, en el Trito-Isaías la nueva creación es la acción
de Yahvé para el beneficio de los siervos.[43]
Función del tema del siervo de Yahvé en textos del
período del Segundo Templo.
El tema del/los “siervo/s
de Yahvé” como la redefinición de los agentes reales de Dios pareciera moldear
otras corrientes durante el período del Segundo Templo (516 a.C.). M. Sweeney,
por ejemplo, ha defendido que los exiliados entendían su propio retorno como
una realización del programa del siervo en el Deutero-Isaías. A la vez, la
visión de un siervo que lucha por la justicia e interioriza la Torah serviría
de guión para las reformas de Esdras-Nehemías (cf. Is. 50:4-10; Esd. 7:10;
56:1).[44] Sin embargo, las reformas
de Esdras no son consideradas como una completa realización de las promesas
hechas al siervo en el Deutero-Isaías. Gordon McConville comenta que
Esdras-Nehemías sostiene un cumplimiento total de las promesas del retorno y
las reformas únicamente cuando la liberación de los poderes imperiales pone de
manifiesto un abandono total del pecado. Hasta entonces existiría una tensión
entre “mis siervos”, quienes luchan por la justicia, y quienes abandonan el
“santo templo” (65:11-15).[45]
Recepción del tema del iservo de YAHVE en los manuscritos históricos
La versión griega de los
LXX aplica la palabra siervo a Israel como colectividad nacional, insertando
Jacob en Is. 42:1 para identificar al siervo y armonizando así la lectura con
41:8-10. El Targum asimila el siervo sufriente al Mesías al comentar Is.
42:1ss, 52:13, 53:10, pero evita cualquier noción de una expiación vicaria y
“presenta al Mesías en su función sacerdotal”. Por ejemplo, en Is. 53:5 lee
“pero él reconstruirá el santuario, que ha sido profanado por nuestros pecados
y entregado por nuestras iniquidades. Con su enseñanza se acrecentará la paz
entre nosotros y por seguir afanosamente sus palabras se nos perdonarán
nuestras transgresiones.[46] Fuera de la literatura
canónica, en los escritos de Qumrán se identifica al Siervo con el Maestro de
Justicia, que sin embargo, se reconoce como alguien no del todo inocente y que
no carga con el pecado de los demás, expía solo los suyos, y más aún, pide
venganza por los sufrimientos que padece.[47]
Recepción del tema del siervo de YAHVE en el N.T
El Siervo y Jesucristo
Los autores del NT en general identifican a Jesús con el Siervo fiel del Señor:
Esta identificación del
Siervo con Jesús no es simplemente esporádica, sino que en muchos casos es el
paradigma narrativo del Evangelio mismo. Por ejemplo, dentro de los evangelios
existe una clara conexión entre el personaje del siervo en Isaías y la persona
de Jesús, tanto en los relatos de su bautismo (Mc. 1:11; Mt. 3:15-17) como de
su ministerio (Mt. 12:15ss) y transfiguración (Mt. 17:1ss). En el relato del
bautismo de Mc. 1:11, el autor une el Sal. 2:7 (huiós, hijo) con lo que Yahvé
dice del siervo en Is. 42:1 (cf. Dan. 7:13). Chilton sugiere que la palabra
“agapetós” para describir al siervo en Mc. 1:11, y no la palabra elektos de la
LXX, demuestra la influencia del Targum de Isaías en el Nuevo Testamento.[48] Una similar fusión de los
motifs “hijo” y “siervo” ocurre en Mt 3:15 y 17:5.
En el relato del bautismo
de Jesús (Mt. 3:15), la identificación de Jesús con el siervo de Is. 42:1
enfatiza que la principal característica de este es su obediencia a la voluntad
de Dios para “cumplir toda justicia” (D. A. Carson, Matthew, 108. 1984). En concreto,
Jesús cumple la voluntad de Dios dada a su siervo Israel, cosa que el Israel
empírico fue incapaz de lograr. De esta forma, Jesús se presenta como el Israel
perfecto de Dios, el siervo escogido, el remanente fiel. La identificación de
Jesús con el siervo de Isaías también figura como un paradigma histórico para
el Evangelio de Mateo. Por ejemplo, se cita Is. 42:1-4 en Mt. 12:17ss para
señalar que la revelación de los propósitos de Dios vienen siendo cumplidos en
la persona de Jesucristo. Otras citas que suponen una tipología entre la
historia de Israel, el siervo y/o el Señor Jesucristo son Mt. 1:22-24; 2:15;
2:17-18; 2:23; 4:1-16; 8:17; 12:17-23; 13:35; 21:4-5; 27:9.[49] Explorando la relevancia
interpretativa de las citas de Isaías en Mateo, Beaton sugiere que las de Is.
53:4 después de Mt. 8:16 y la de Is. 42:1-4 después de Mt. 12:15 no solo
corresponden a la identificación del siervo con Jesús, sino que describen su misión
de justicia (mishpat/krisin). En Mt. 12:15ss el empleo del término krisin
(traducción de mishpat en Is. 42:1) se usa para poner en contraste la
injusticia de los fariseos con la justicia de Jesús. Mientras los dirigentes
religiosos impiden la justicia, Jesús la cumple como el siervo perfecto, en
silencio y humildad. Para realzar este contraste, los lítotes negativos que
describen al siervo en Is. 42:2-4 “no gritará ni alzará su voz, ni la hará
oír…no quebrará…ni apagará…no se desalentará” sirven para realzar la diferencia
entre Jesús y los dirigentes del momento. Es decir, el siervo Jesús no es como
ellos. Los fariseos se caracterizan negativamente, haciendo mucho ruido en la
calle[50], pero Jesús es
caracterizado en términos del siervo compasivo (Mt. 12:14, 19, 29) (Carson,
Matthew, p. 66). Mientras los fariseos alzan su voz, Jesús no alza la suya y de
esa forma contribuye al tema del “secreto mesiánico” en Mateo.[51] A la vez, la
correspondencia del siervo con Jesús realza la distinción entre el uso de la ley
por los religiosos y la ley interpretada por Jesús. Al valerse de Is. 42:1-4,
Mateo usa la frase “en su nombre” de la LXX en vez de la frase “en su ley” de
Is. 42:4. Carson sugiere que la opción de Mateo por la versión de los LXX fue
intencionada para demostrar que la Torah señala a la persona de Jesucristo. La
postura de Jesús como el dador de la Torah se hace aun más evidente al observar
que sus actividades de sanación ocurren en el día de reposo (Carson, Matthew,
70).
Si el uso de Is. 42:1ss
en el relato del bautismo de Jesús en Mc. 1:11 y Mt. 3:15-17 realzaba la
perfecta obediencia del siervo Jesús a la voluntad del Padre, este mismo texto
releído en el relato de la transfiguración (Mt. 17:1-5) señala la obediencia
que el siervo-hijo demanda (“akúete autô” cf. Lc. 9:5). Este énfasis en la
obediencia, demandada en un nuevo evento-Sinaí, pone a Jesús por encima de
Moisés (Ley) y Elías (Profetas), que ahora sirven únicamente para dar
testimonio de Cristo.[52] No obstante, la presencia
de Moisés y Elías con el “hijo-siervo” sugiere a su vez la opción por la
no-violencia. Si la identificación de Jesús con el siervo de Is. 42:1 intenta
evocar el contexto mayor de 42:2-4 donde el siervo actúa sin violencia, puede
que el evento de la transfiguración intente desmontar las categorías de
violencia asociadas con Moisés y Elías en la mente de Pedro.[53] En esta misma línea,
A.D.A. Moses comenta que al silenciar el “motif” de David/Sión en tanto que
categorías políticas en la mente de Pedro, y fusionar el motif del hijo como
siervo, se despolitiza los sentimientos sionistas de Pedro.[54] De esta forma, se hace
más claro que la obediencia al “hijo-siervo” implica la opción por la
no-violencia.
Al final de su vida, en
el momento decisivo de la institución de la Nueva Alianza en su sangre, Jesús
se sirve de la idea del Siervo de Yahvé, y explica desde ella el sentido de su
vida y de su muerte, dando así al concepto del culto su significado definitivo.
H. Schürmann ha hecho notar que las fórmulas «dar su cuerpo» o «dar su alma» son
términos técnicos para expresar la muerte del mártir. «En este caso, pues,
Jesús caracteriza probablemente su muerte próxima como la muerte de un mártir».
Esto significa que todas las teorías rituales del sacrificio han sido superadas
y que la Nueva Alianza es realizada y sellada por un sacrificio verdaderamente
nuevo: se hace patente que Jesús, el hombre que hace la oblación de sí mismo,
representa el verdadero culto y la auténtica glorificación de Dios. En la
confesión de este único culto, que no consiste en ritos, sino en la total
oblación de aquel que se ha entregado al Padre por los hombres, convienen las
cuatro perícopas de la institución. La idea del Siervo de Yahvé es el centro
unificador que concilia ambas cosas, la Ley y los Profetas.
Mientras la figura del
Siervo de Yahvé se hace realidad en Jesucristo, no por ello se agota su
aplicación a otros personajes o idearios dentro del Nuevo Testamento. Los
apóstoles ministran como el siervo (Hch. 13:47 y Is. 49:6, cf. Gal. 1:15-16;
2:9 y Hch. 26:23) y la misma Iglesia interpreta su elección y misión a la luz
del siervo (Ro. 1:6, 7; 8:28; 1 Cor. 1:2 cf. Is. 42:1; 43:1; 48:13; 51:2).[55] De la misma manera, el
concepto del siervo como el dulos ejerce influencia en textos que hablan de la
elección de la Iglesia en términos generales (Ro. 1:1; Fil. 1:1; Tito 1:1; Stg.
1:1; 2 Pd. 1:1; Jud. 1:1; Ap. 1:1; 1 Cor. 3:5; Gal. 1:10; Col. 1:7; 4:12; 2 Ti.
2:24; 1 Pd. 2:16; Ap. 2:20; 6:11; 7:3; 19:2, 5, 10; 22:3, 9). En Lucas-Hechos,
la fusión del tema del siervo con los apóstoles y la Iglesia es más pronunciada
que en otros libros. David W. Pao, por ejemplo, ha defendido que la palabra
“testigos” de Jesús en Hechos 1:8 es una relectura de la palabra “testigos”
entendida como el siervo colectivo en Isaías 43:10 (Hechos 1:8; 3:1; 14:8).[56] La reaplicación de la
identidad del siervo en Lucas-Hechos también se puede observar en el relato de
la conversión del apóstol Pablo. David P. Secombe sugiere que el motif del
siervo provee un trasfondo para desarrollar el tema de la ceguera y la vista en
Pablo. Así como el siervo Israel fue ciego (cf. Is. 6:9ss y 42:18-20), pero
luego pudo ver para ser luz a las naciones (49:1ss), Pablo también fue cegado
por el juicio de Dios, pero luego fue hecho un testigo a las naciones (Hch.
9:1ss).[57]
Por otra parte, la misión
que tiene el siervo de retornar a los exiliados y recoger a los dispersos y
marginados (Is. 49:1-9; 56:1; 61:1-4 cf. Lc. 4:17-19) encuentra su continuidad
en Jesús, cuyas actuaciones implícitamente anuncian el fin del exilio.[58] Otro tema relacionado con
la función del siervo en Lucas-Hechos es la extensión de la Palabra de Dios.
Mientras que el siervo es portador de una Palabra de Yahvé que genera una nueva
creación (cf. Is. 42:4-9; 55:11), la palabra de Jesús es también entendida como
una palabra que crece y genera nuevas realidades (Lc. 8:5; Hch. 6:7; 12:24;
19:20).[59] Finalmente, en
Lucas-Hechos la visión de la inclusión de las naciones y de los gentiles como
pueblo de Dios (Lc. 24:44-49; Hch. 13:46-47) se justifica al valerse del
segundo canto del siervo en Isa 49:6 (Pao, Idem. p. 110).
Recepción del tema del siervo de
YAHVÉ en escritos rabínicos
Explicando Is. 42:1ss,
Rashi identifica al siervo con Israel/Jacob, quien no tendrá que alzar su voz
para exhortar a las naciones porque vendrán por su propia cuenta para aprender
de Israel. La visión del siervo que no será quebrantado ni extinguido implica
que Israel no requiere gran esfuerzo para influir a las naciones con la
enseñanza de Dios, ya que Is. 42:1ss se refiere a la era mesiánica, después de
la guerra de Gog y Magog, cuando las naciones que quedan serán fieles a Dios.
Por otra parte, para Ibn Ezra este primer canto del siervo se refiere a Isaías
mismo, mientras que Rav Saida (Saadía Gaón), Kara y Rabbenu Yeshayah identifican
al siervo con Ciro, quien gobernará justamente a las naciones. Redac identifica
al siervo con el Mesías.[60]
Entre los textos del
siervo, el que más atención ha recibido en la historia es el del siervo
sufriente en Is. 52:13-53:12. El Talmud, cuando explica Is. 53, lo interpreta
en sentido mesiánico.[61] Esta interpretación no
era rara entre los rabinos, pero en gran parte fue abandonada después de Cristo
para quitar argumentos a los apologistas cristianos.[62] Posteriormente, la
identidad del siervo ha sido interpretada como una referencia a Jeremías (Saddía
Gaón), Moisés (Talmud, b. Sot 14ª) o el profeta Isaías. Redac entiende el canto
como una referencia a los judíos en el exilio, quienes surgen de forma
milagrosa, como un renuevo tierno que brota de tierra seca (Is. 53:8). Rashi
defiende la postura colectiva del siervo a la luz de otros textos que
comúnmente describen a todo Israel como un hombre (Is. 44:2; 44:1). Ibn Ezra,
igual que Redac, identifica al siervo como la nación judía en el exilio.
Comentando Is. 52:14 (“fue desfigurado”), explica que muchos en la “tierra de
Ismael” y en la “tierra de Edom” piensan que los judíos tienen una apariencia
extraña, preguntando incluso si un judío tiene boca u ojos. Incluso comenta Ibn
Ezra que existe una nación cuyos miembros esconden su rostro de un judío por si
acaso viéndole tendrían que prestarle ayuda.
Redac comenta que Is.
53:4 “le tuvimos por azotado” describe la reacción de las naciones. Son las
naciones, observa Redac, quienes creen que Israel sufrió por sus pecados y no
una afirmación de que Israel sufriera por sus propios pecados. Cuando las
naciones entiendan que su fe pagana era falsa, paradójicamente dirán que ellos
mismos deberían haber sufrido.
Al comparar el siervo con
una cordera (Is. 53:7), Redac comenta que los judíos son comparados con una
oveja (femenino) y no un cordero (masculino) porque es la más débil de las
naciones. En cuanto al trato de los cuerpos de los judíos por las naciones (Is.
53:9), Parshandatha explica que los cuerpos no recibieron un entierro
apropiado, sino que fueron echados a los perros. En la misma línea, Rashi
comenta que los judíos se sometieron a todo tipo de muerte porque no negaron la
Torah ni robaron a los demás como los paganos entre quienes vivían. Habrían,
comenta Rashi, evitado la muerte si hubieran aceptado la religión de sus
opresores.
A pesar del trato cruel
recibido por las naciones, Ibn Ezra y Redac entienden la frase “cargará con sus
iniquidades” (Is. 53:11-12) como referencia a la empatía que tendrá Israel por
las naciones que sufren por sus iniquidades. A diferencia de esos pueblos,
comenta Rashi, Israel orará por los gentiles que le persiguen porque de esta
forma tendrá una herencia con los patriarcas. Finalmente, Ibn Ezra comenta que
las naciones pudieron gozar de paz porque Israel sufrió, aunque este sufrimiento
no era por causa de los pecados de Israel, sino por el pecado de las naciones.[63] En la actualidad, algunos
entienden el holocausto en términos similares. Es decir, Israel ha sido
sacrificado por los pecados de las otras naciones.
Recepción del tema del siervo de YAHVE en textos patrísticos
Los Padres de la Iglesia
son unánimes al interpretar los Cantos del Siervo como aplicados a Jesús.
Incluso el capítulo 53 es citado por entero en sus obras referido a los
padecimientos del Cristo (cf. San Clemente de Roma, Carta a los corintios 16,
2-16 y San Justino, Diálogo con Trifón, 6, 757). Y lo mismo con los demás
cantos por parte de Ireneo de Lyon, Tertuliano, Cipriano, etc.
Recepción del tema del siervo de YAHVÉ en la américa latina
No sorprende que la
identificación del siervo con el sufrimiento haya sido motivo para la
exploración de su relevancia para la América Latina. Entre los primeros
teólogos de la liberación, como Rubem Alves, J. P. Miranda, Enrique Dussel y
Gustavo Gutiérrez, el tema del siervo sufriente juega un papel significativo a
la hora de expresar sus reflexiones teológicas. Para Gustavo Gutiérrez, por
ejemplo, la descripción del brazo del Señor revelado en el siervo sufriente
(Is. 53:1) contribuye a su entendimiento de que el sufrimiento humano es el
lugar de la revelación divina.[64] El protestante brasileño
Rubem Alves en Teología de la esperanza (1969) sugiere que el éxito de los
agentes de Yahvé, como el siervo, es en el Deutero Isaías paradigmático de un
pueblo oprimido que emerge como el nuevo sujeto de la historia.[65] El filósofo mexicano J.
P. Miranda, unificando el análisis marxista con estudios de filología
comparativa y la tradición de Von Rad, lee los textos en torno al siervo de
Yahvé en términos de una crítica de las perspectivas occidentales de que Dios
no interviene en la historia. En concreto, la intervención de Yahvé en el
siervo, al comentar sobre Is. 42:1-7, consiste en un solo propósito: de servir
a la causa de la justicia (mishpat). La justicia, comenta Miranda, no consiste
en contemplar los veredictos judiciales, sino en la eliminación del mal. Dado
que la visión de la justicia es, a su vez, escatológica (Is. 42:4), Miranda
busca vincular el concepto de la escatología con la eliminación de las
situaciones actuales que carecen de derecho o justicia.[66]
El filósofo e historiador
Enrique Dussel articuló la relevancia de los cantos del siervo en Universalismo
y los cantos del siervo (1964). La lectura de Dussel busca, como la de Miranda,
criticar perspectivas estáticas de un Dios occidental que no interviene. Para
ello, pone en contradistinción la mentalidad hebrea con la griega: “El
hombre griego busca incesantemente las leyes que le permiten racionalizar...
logicizar la realidad histórica, El hombre hebreo, en cambio, goza en la
aventura de lo cambiante y fenoménico”.[67] Para Dussel, entonces, la
acción del siervo en la historia desmonta una perspectiva “griega” que solo
sirve para sostener la pasividad o perspectivas estoicas sobre la historia. El
siervo es ejemplo de la actividad creadora de Dios en el “HOY, creado al siervo
como mediación e instrumento de conducción de la Historia, de la humanidad, a
acabamiento plenario”.[68] Mientras la acción del
siervo crea una humanidad nueva, la muerte del siervo es una muerte al particularismo.
Esta muerte al particularismo o la fisonomía nacional —que no equivale a una pérdida
de identidad social o cultural— posibilita que la salvación (i.e., la
humanización) pueda llegar a los confines de la tierra. La resurrección del
siervo, por lo tanto, es una resurrección para construir la historia, una
historia que rompe una vez para siempre con la pasividad de disminución.[69] Finalmente, Dussel
sugiere que la personalidad “incorporante” del siervo es valiosa para
entenderlo como paradigma de un “pueblo-sacramento” con una misión
humanizadora. La misión puede lograr sus objetivos porque el hombre no es ni
Dios ni bestia. Al no ser Dios la implicación es que la misión del siervo
triunfa porque la humanización no se logra independiente de Yahvé. La misión
del pueblo-sacramento se ancla en la relación que el pueblo tiene con Yahvé
dentro de su situación histórica. Tampoco es el hombre bestia en el sentido de
que una bestia sería meramente un objeto pasivo de la historia. El hecho de que
el pueblo-sacramento es hombre, dotado de libre albedrío, le permite construir
la historia.[70]
Jorge Pixley, en su
interpretación “militante” de Is. 52:13-53:12 localiza el texto como
representante del movimiento pro-persa frente al Imperio de Babilonia. En
concreto, la postura del siervo sufriente provocó violencia de las autoridades
pro-babilónicas, responsables por la muerte de Israel (el siervo). La
resurrección del siervo no se interpreta individualmente, sino como una vida
nacional que cobra su poder desde una muerte con una misión. Esta postura
provee un paradigma de enorme relieve para la contextualización del pasaje en
la América Latina. En concreto, la imagen de la muerte violenta inspira la
reflexión sobre la derrota del movimiento sandinista en los 90. Así como el
partido pro-persa vio la conversión de reyes y naciones, así también quienes
traen a la memoria el movimiento sandinista se convertirán a las imágenes
positivas de cómo se construye una nación.[71]
El trabajo de Carlos
Mesters en la Misión del pueblo que sufre: los cánticos del siervo de Dios en
el libro del profeta Isaías (1983) representa una lectura pastoral de los
cuatro cantos del siervo. Mesters sugiere que el “Junior Isaías” transfiere las
experiencias del profeta Jeremías al pueblo exiliado de Israel. El siervo ha de
ser entendido como el “Israel concientizado” que ha de traer liberación tanto a
su pueblo como a los oprimidos de cada nación. Mesters analiza los cuatro
cantos del siervo en su orden cronológico extrayendo de ellos pasos prácticos
que asisten al oprimido en su proceso de liberación. Estos pasos incluyen:
enfrentarse con el opresor, cultivar las semillas de resistencia en contra de
la opresión; reestablecer la alianza entre Dios y el pueblo al organizar una
sociedad igualitaria y libre de opresión y asumir la práctica de la justicia.
Por ejemplo, comentando sobre el cultivo de la simiente de la resistencia,
Mesters escribe: “no contaminarse por la manera de vivir de los opresores del
pueblo; no imitar a Nabucodonosr, que esclaviza a los hermanos más débiles y
les explota... Este primer paso es el valor escondido del pueblo oprimido, es
la simiente de resistencia contra la opresión”.[72] Finalmente, al comentar
sobre el cuarto “canto” del siervo, Mesters usa el ejemplo de Cristo al
extender su perdón a quienes le han ofendido. Al perdonar, el ofendido puede
concientizar al opresor de su ofensa.[73]
Samuel Pagán también ha
explorado el relieve de una lectura contextualizada de Isaías y, en concreto,
la aplicación del siervo sufriente a las realidades que vive la Iglesia
hispana. Pagan sugiere que las mismas redacciones hechas dentro del libro de
Isaías proveen un paradigma para la aplicación de la palabra profética hoy en
día. La Iglesia puede reaplicar el mensaje profético a realidades analógicas al
exilio babilónico, a saber: una psicología compartida del exilio;
marginalización; bajos recursos económicos y una discontinuidad entre la ética
y los valores religiosos. Al asimilar la misión del siervo de Yahvé, la Iglesia
ha de promover cualquier cosa que actualice una sociedad caracterizada por
justicia y derecho, proyecto que solo se posibilita cuando existe una
solidaridad con el pueblo que sufre.[74] Buscando de la misma
manera una relevancia de textos del siervo para la Iglesia hispana, yo he
postulado que los aspectos de la democratización tanto enriquecen como desafían
conceptos contemporáneos de liderazgo en las iglesias latinoamericanas. En
concreto, el ideario de la democratización de agentes divinos rompe con
aspectos como el caudillismo que asume que la misión del pueblo de Dios es
únicamente tarea caracterizado por el personalismo de dirigentes o tarea de las
élites religiosas. Por otra parte, el mismo concepto del caudillismo ayuda a
percibir de forma más rica una Iglesia que asume las dolencias y el sufrimiento
del pueblo de forma personal y comprometida.[75]
Finalmente, José Severino
Croatto ha buscado interpretar la relevancia del siervo de Yahvé para
situaciones de opresión, uniendo aspectos de la teoría de los actos de habla
con la reconstrucción crítica-histórica, poniendo estas ciencias al servicio
del marginado. Para Croatto, los conceptos de la relectura y de la
actualización, percibidos en el mismo proceso de la formación del canon y de
Isaías en concreto, proveen pautas interpretativas para entender la misión del
siervo. La distanciación del nuevo redactor (e.g., Proto, Deutero y Trito
Isaías, Nuevo Testamento) del horizonte textual que comenta requiere una nueva
relectura que radicalmente pierde o cambia el sentido del texto releído.[76] Por otro lado, la
actualización del texto preserva la continuidad con el grano original de la
Escritura, que es, en concreto, la liberación socio-política. Un ejemplo de
cómo su método influye en su interpretación de los cantos del siervo sería la
imagen del este como “luz de las naciones” (Is. 42:6; 49:6). El significado
original del canto entendía “luz a las naciones” como liberación del Israel
disperso que luchaba con la aculturación bajo imperios extranjeros, incapaces
—como en Egipto— de interpretar su opresión (Is. 42:18-20). En concreto, el
texto no se entiende como la misión de Israel a las naciones, sino al Israel
disperso entre las naciones. Las relecturas del NT, distanciadas del texto en
II Isaías, invierten este sentido. Para el NT, el canto del siervo es misional
y se extiende a otros pueblos (Hch. 13:47), pero no borra “el sentido
sociopolítico del pasaje del 2-Isaías”.[77] Al comentar sobre el
cuarto canto del siervo sufriente escribe: “la relectura apropiativa de la
figura del siervo de Yahvé que necesitamos hoy coincide plenamente, por su
vertiente sociopolítica, con la del texto en su redacción presente (y con la de
los LXX). En el medio, y como faro iluminador, queda la del NT. Mientras que la
del Targum ha disociado sufrimiento y exaltación, quitándole así al texto su
mordiente esencial y su fuerza como mensaje”.[78]
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God (Fortress 1992).
[1] Das Buch Jesaia übersetzt und
erklärt, Göttingen 1892
[2] The Suffering Servant in
Deutero-Isaiah, 1964
[3] “The Servant Songs: Interpretive
Trends Since C. R. North”, 1978
[4] T.N.D. Mettinger, A Farewell to the
Servant Songs, 1983; H.G.M. Williamson, The Book Called Isaiah:
Deutero-Isaiah’s Role in Composition and Redaction, 1994; Variations on a
Theme: King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah. 1997
[5] H.G.M. Wiliamson., Variations on a
Theme: King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah (Paternoster 1998)
[6] Stomberg, An Introduction to the
Study of Isaiah, p. 33
[7] Goldingay, “The Arrangement of
Isaiah xli-xlv,” 1979
[8] Clifford, “The Function of Idol
Passages in Second Isaiah,” 1980; Fair Spoken and Persuading: An Interpretation
of Second Isaiah, 1984
[9] Grace and Law in Second Isaiah: I
Am the Lord, 1988
[10] Stromberg, An Introduction to the
Study of Isaiah, 33
[11] Goldingay, Isaiah, p. 238
[12] J.D.W. Watts, Isaiah 34-66. WBC
(Word 1987)
[13] K. Baltzer, Deutero-Isaiah: A
Commentary on Isaiah 40-55 (Fortress. 2001);
[14] el siervo en Is. 40-48 es Israel
pero en Is. 49-55 es el profeta. P. Wilcox and David Paton-Williams. “The
Servant Songs In Deutero-Isaiah”. 1988
[15] L.
Alonso-Schökel y J. L. Sicre, Profetas II, 1980; L. E. Wilshire, “The
Servant-City: A New Interpretation of the ‘Servant of the Lord’ in the Servant
Songs of Deutero-Isaiah”, 1973
[16] L. Alonso Schökel y J. L. Sicre,
Profetas II
[17] H. Simian-Yofre. “Testigo y servidor.
Isa. 43:8-13 ¿el segundo Cantico del Servidor?”, 1987; “Manifestara su destino
ante las naciones (Is. 42:1b)”, 1984
[18] The Suffering Servant in Deutero
Isaiah: An Historical and Critical Study, 107. 1968
[19] The Book Called Isaiah:
Deutero-Isaiah’s Role in Composition and Redaction; Variations on a Theme:
King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah
[20] Exile and Restoration: A Study of
Hebrew Thought of the Sixth Century B.C. 1968
[21] B. S. Childs, Isaiah, 437. 2001;
Williamson, Variations on a Theme: King, Messiah, And Servant in the Book of
Isaiah, p. 139
[22] “The Royal Narratives and the
Structure of the Book of Isaiah”, 67-81, 1988
[23] B.S. Childs, Isaiah (WJK 2001).
Pag. 62
[24] J. Goldingay, God’s Prophet, God’s
Servant: A Study in Jeremiah and Isaiah 40-55, p. 62, 98. 1984
[25] B. C. Ollenburger, “Isaiah’s
Creation Theology”, 66-67. 1987
[26] B.S. Childs, Isaiah (WJK 2001).
Pag. 261
[27] N.J. Moser, “Isaías” Nueva Biblia
de Estudio Mundo Hispano, 2012
[28] C. R. Seitz, “The Divine Council: Temporal
Transition and New Prophecy in the Book of Isaiah”. 1990
[29] C. R. Seitz, “The Divine Council:
Temporal Transition and New Prophecy in the Book of Isaiah”. 1990
[30] Melugin, “The Servant, God´s Call,
and the Structure of Isaiah 40 48”, p. 24; 1991
[31] Williamson,
Variations on a Theme: King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah
[32] Blenkinsopp, “The Servant and
Servants in Isaiah and the Formation of the Book.” 1997
[33] H. Leene, “History and Eschatology
in Deutero-Isaiah”. 1989
[34] Williamson, Variations on a Theme:
King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah, 151
[35] B.S. Childs, Isaiah (WJK 2001).
[36] Williamson, Variations on a Theme:
King, Messiah, And Servant in the Book of Isaiah
[37] B.S. Childs, Isaiah (WJK 2001).
Pag. 394-395
[38] N.J. Moser, “Isaías” BEMH; H. G. M.
Williamson, Variations on a Theme, 165
[39] W. Beuken, “The Main Theme of
Trito Isaiah.” The Servants of the Yahweh”, 1990
[40] J. Blenkinsopp, “The Servant and
Servants in Isaiah and the Formation of the Book”, 1997; J. Stromberg, Isaiah
After Exile: The Author of Third Isaiah as Reader and Redactor of the Book
[41] Holladay, Long Ago God Spoke, 1995
[42] W. Beuken, “The Main Theme of
Trito-Isaiah. The Servants of Yahweh”
[43] B.S. Childs, Isaiah (WJK 2001).
Pag. 498
[44] Sweeney, “The Reconceptualization
of the Davidic Covenant in Isaiah”, p. 318; 1997
[45] McConville, “Ezra-Nehemiah and the
Fulfilment of Prophecy.” 1986
[46] traducción de, J. Rivera-Florit, El
Tárgum de Isaías: La versión aramea del profeta Isaías / versión crítica,
introducción y notas. 1988, pp. 201-211
[47] cf. 1 QH IX 29-31 o 1 QS VII 3.6,
etc
[48] B. D. Chilton, The Glory of Israel:
The Theology and Provenience of the Isaiah Targum. 1982; “From Aramaic
Paraphrase to Greek New Testament.” 2004
[49] R. T. France, “The Formula-Quotations
of Matthew 2 and the Problem of Communication”, 1971; S. Greidanus, Preaching
Christ from the Old Testament: A Contemporary Hermeneutical Method, 198-203.
1999; B. S. Childs. The Struggle to Understand Isaiah as Christian Scripture,
102. 2004
[50] R. Beaton. “Messiah and Justice: A
Key to Matthew´s Use of Is. 42:1-4”. 1999
[51] C. R. North. The Second Isaiah:
Introduction, Translation and Commentary to Chapters XL-LV
[52] A.D.A. Moses, Matthew´s
Transfiguration Store and Jewish-Christian Controversy, 1993; Carson, Matthew,
75
[53] F. Camacho y J. Mateos. Evangelio
de Mateo.
[54] Moses, Matthew´s Transfiguration
Store and Jewish-Christian Controversy
[55] F.F. Bruce. The Book of Acts, 1968;
H.N. Ridderbos, Paul: An Outline of His Theology; 1975
[56] Acts and the Isaianic New Exodus,
2000
[57] “Luke and Isaiah”, 1981
[58] N.T. Wright, Jesus and the Victory
of God. 1992, p. 605
[59] D.W. Pao, Acts and the Isaianic New
Exodus
[60] A. J. Rosenberg, Isaiah. Volume
Two: A New English Translation. Translation of Text, Rashi and Other Commentaries
[61] Gemara, Sanedrín, 11
[62] Cf. Orígenes, Contra Celsum I, 55
[63] A. J. Rosenberg, Isaiah. Volume
Two: A New English Translation. Translation of Text, Rashi and Other
Commentaries; Véase también F. Varo, El cuarto canto del Siervo (Is.
52:13-53:12. Balance de dos años deInvestigación, 1990; Los cantos del Siervo
en la exégesis hispano-hebrea, 1993
[64] G. Gutiérrez, Teología de la
liberación, 194ss
[65] Alves. A Theology of Hope. 1968
[66] J. P. Miranda, Marx and the Bible:
A Critique of the Philosophy of Oppression. 1974
[67] Dussel, “Universalismo y misión en
los poemas del Siervo de Yahvé”, 421
[68] Dussel, “Universalismo y misión en
los poemas del Siervo de Yahvé”, 421
[69] Dussel, “Universalismo y misión en
los poemas del Siervo de Yahvé”, 463
[70] “Universalismo y misión en los
poemas del Siervo de Yahvé”
[71] “Isaiah 52:13-53:12: A Latin
American Perspective”, 1999
[72] La misión del pueblo que sufre: Los
cánticos del siervo de Dios en el libro del profeta Isaías, 51. 1983
[73] La misión del pueblo que sufre: Los
cánticos del siervo de Dios en el libro del profeta Isaías, 51. 1983
[74] “La Iglesia Hispana es Sierva del
Señor: Una lectura exegética y contextual de Isaías 52:13-53:12.”; La visión de
Isaías. 2001
[75] N. J. Moser, “Servanthood:
Perspectives from Isaiah’s Servant of the Lord”, 2012
[76] véase Croatto, Hermenéutica
bíblica: Para una teoría de la lectura como producción de sentido, 1984
[77] Croatto, Isaías: La palabra
profética y su relectura Hermenéutica. La liberación es posible. Isaías 40-55,
p. 65; Id., Hermenéutica bíblica: Para una teoría de la lectura como producción
de sentidokmhfxdcs
[78] Croatto, Isaías: La palabra
profética y su relectura Hermenéutica. La liberación es posible. Isaías 40-55,
p. 278
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