¿Que es la Iglesia? | Eclesiología con Feliberto Vasquez Rodriguez
Introducción
La palabra iglesia en
inglés (church) está relacionada con la palabra escocesa kirk y la alemana kirche,
y todos estos términos se derivan de la palabra griega kuriakon, el adjetivo
neutro de kurios (“Señor”), cuyo significado es “perteneciente al Señor”.[1]
La palabra iglesia en español se traduce del griego ekklesia, derivada de ek
(“fuera de”) y kaleo (“llamar”); por lo tanto, la iglesia es “un grupo llamado
aparte”.
Ekklesia aparece 114
veces en el Nuevo Testamento, tres veces en los Evangelios y 111 veces en las
epístolas. En los Evangelios sólo aparece en Mateo 16:18 y 18:17 (dos veces).
Las dos últimas probablemente se usen en sentido no técnico para referirse a
una congregación judía. Así las cosas, en los Evangelios ekklesia sólo se usa
una vez en sentido técnico, y ese pasaje es una referencia profética a la
iglesia. Esto ayuda a establecer el hecho de que la iglesia comenzó después de
la ascensión, tal como se registra en el libro de Hechos y particularmente es
una doctrina paulina.
Sin embargo, la palabra
ekklesia no indica la naturaleza del grupo llamado aparte; puede usarse en el
sentido técnico de la Iglesia neotestamentaria o se puede usar para cualquier
grupo en sentido no técnico. Por ejemplo, Hechos 7:38 se refiere a la
congregación del pueblo de Israel como ekklesia (aquí se traduce
“congregación”). En Hechos 19:32 se refiere a una multitud en Éfeso que era
rebelde a Pablo (aquí se traduce “asamblea”). No obstante, muy a menudo se usa
la palabra en sentido técnico para designar al grupo de creyentes llamado
aparte en Jesucristo.
Aspectos de la iglesia
La iglesia local. El uso
neotestamentario más común de la palabra iglesia designa a un grupo de
creyentes al cual se identifica como congregación o asamblea local. Así, había
iglesias en Jerusalén (Hch. 8:1; 11:22), en Asia Menor (Hch. 16:5), en Roma
(Ro. 16:5), en Corinto (1 Co. 1:2; 2 Co. 1:1), en Galacia (Gá 1:2), en
Tesalónica (1 Ts. 1:1) y en la casa de Filemón (Flm. 2).
Esos primeros creyentes
no tenían edificios especiales en los que reunirse; en lugar de ello, se
reunían en casas (Ro. 16:5; Flm. 2). Los primeros creyentes se reunían para
adorar (1 Co. 11:18), estar en comunión (Hch. 2:45-46; 4:31), recibir
instrucción (Hch. 2:42; 11:26; 1 Co. 4:17) y llevar a cabo ministerios como
enviar misioneros (Hch. 13:2; 15:3). El resultado fue la salvación continua de
personas (Hch. 2:47).
La iglesia universal
Si bien la iglesia local
ve a la iglesia como un grupo local de creyentes reunidos en un local
particular, la iglesia universal incluye “a todos aquellos que, en todas las
eras, han nacido del Espíritu de Dios y se han bautizado por el mismo Espíritu
en el Cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13; 1 P. 1:3, 22-25)”.[2]
Es un grupo corporativo de creyentes que Cristo prometió edificar (Mt. 16:18),
el Cuerpo por el cual murió Cristo (Ef. 5:25) y sobre el cual es cabeza para
darle dirección (Ef. 1:22-23; Col. 1:18). En Efesios 1:23 se refiere a la
iglesia como “su cuerpo”. Esto no puede referirse a una asamblea local, sino
que debe representar el cuerpo universal de creyentes (cp. Col. 1:18). El
énfasis particular de la iglesia universal es su unidad. Ya sean judíos o
gentiles, todos juntos componen un cuerpo en la unidad producida por el
Espíritu Santo (Gá. 3:28; Ef. 4:4).
A veces a la iglesia
universal se la llama iglesia invisible, y a la local se le llama visible
(aunque hay quienes niegan esta identificación).[3]
Personajes como Agustín, Lutero y Calvino enseñaron tal distinción, que
enfatizaba que la iglesia invisible era perfecta, verdadera y madura
espiritualmente; en tanto que la iglesia visible era la asamblea local de
creyentes, con sus imperfecciones e incluso con incrédulos que son parte de
ella. También se usa el término invisible para indicar que su membresía exacta
no se puede conocer. ¡En realidad, los miembros son completamente visibles![4]
Formación de la iglesia
¿Cuándo comenzó la
iglesia? El estudio del Nuevo Testamento indica que la iglesia es una entidad
exclusiva del Nuevo Testamento que no existía antes, aunque algunos sugieran
que la iglesia existía en el Antiguo Testamento.[5]
En Mateo 16:18 Jesús declaró “edificaré mi iglesia”; indicaba con ello que la
edificación de la iglesia era futura. Éste es un punto importante. Enfatiza que
la iglesia no existía cuando Jesús pronunció tales palabras. Estaba haciendo
una predicción sobre la iglesia que edificaría en el futuro.
En 1 Corintios 12:13 se
identifica la manera en que habría de edificarse: por obra del Espíritu Santo
que bautizaría a los creyentes en el cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo ubica
a los creyentes en unión con Cristo en el momento de la regeneración. Efesios
1:2-23 identifica la iglesia con el cuerpo de Cristo, y enfatiza la unión de
los creyentes con Cristo en el momento de la conversión.
En Hechos 1:5 Jesús
declaró que los creyentes serían bautizados con el Espíritu Santo “dentro de no
muchos días”. Ello indica que la obra del Espíritu Santo de unir a los
creyentes con Cristo no había comenzado, pero fue anticipada como algo
inminente. El contexto da claridad al evento e indica que comenzó en
Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió (Hch. 2:1-4). Cuando Pedro
relató lo ocurrido en la casa de Cornelio en Cesarea, indicó a los judíos de
Jerusalén que el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles tal como lo había
hecho con los judíos “al principio” (Hch. 11:15). La última frase identifica el
punto de inicio de la obra bautismal del Espíritu Santo, y por tanto identifica
el inicio de la formación de la iglesia neotestamentaria. La iglesia comienza
en Pentecostés (Hch. 2).
Figuras de la iglesia
Cuando Jesús declaró
“edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18), no se estaba refiriendo a la iglesia local
sino a la universal, el agregado de creyentes en la era actual. La Biblia usa
varias figuras para describir o ilustrar a la iglesia como organismo vivo.
Cuerpo. La palabra cuerpo es
una metáfora que ilustra la unidad y universalidad de la iglesia. Como la
cabeza tiene autoridad sobre el cuerpo físico y le da dirección, así también
Cristo es cabeza de la iglesia, tiene autoridad sobre ella y le da dirección
(Ef. 1:22-23; Col. 1:18). La ilustración del cuerpo también enfatiza la unidad
de todos los creyentes en la era de la iglesia, pues reconcilia a judíos y
gentiles en un cuerpo. No hay distinción, son uno en Cristo (1 Co. 12:13; Ef.
2:16; 4:4). Más aún, Cristo alimenta a la iglesia con líderes dotados, de modo
que ella pueda madurar y edificarse como un cuerpo en Cristo (Ef. 4:12, 16;
Col. 2:19). La participación en los elementos que componen la Cena del Señor
ilustra la unidad de la iglesia como cuerpo de Cristo (1 Co. 10:16-17).
Novia. Efesios 5:23 describe a
la iglesia como novia de Cristo; allí se hace una analogía que compara la
relación matrimonial de esposo y esposa con Cristo y su novia, la iglesia. La
ilustración es aplicable porque revela la magnitud del amor de Cristo por la
iglesia (Ef. 5:2, 25). El segundo énfasis de la ilustración es la posición
exaltada de la novia.[6]
Como es costumbre en los matrimonios orientales, la novia recibe la promesa de
bendición futura con su esposo durante el compromiso (desposorio). Así, la
iglesia de hoy es una novia comprometida que espera el retorno desde la gloria
de su esposo. La segunda etapa del matrimonio oriental era la boda como tal,
cuando el marido venía para que la novia se quedara con él. En una figura
análoga, la iglesia espera el retorno de Cristo para casarse con Él (Jn.
14:1-3; 1 Ts. 4:16-17). En las bodas orientales, después viene la celebración;
así también la iglesia, como novia de Cristo, espera el retorno de su esposo
(Ap. 19:7-9) y la gloria del reino milenario posterior.
Edificio. Pablo había enfatizado
que judíos y gentiles son uno en Cristo, pues Dios derribó la pared que los
separaba (Ef. 2:11-18). Ahora pasa a describir la unidad de la iglesia bajo la
figura de un edificio. La iglesia, una unión de judíos y gentiles, se construye
“sobre el fundamento de apóstoles y profetas” (Ef. 2:20). En colectivo, “los
apóstoles” son uno de los dones fundacionales, diseñados para equipar a los
creyentes (Ef. 4:12) y ayudar a que la iglesia madure (Ef. 4:13).
Jesucristo es la piedra
angular en la figura del edificio (Ef. 2:20; cp. 1 Co. 3:11); por piedra
angular tal vez se refiera a “la piedra principal en el ángulo de la estructura
a partir de la cual el arquitecto determina cómo van los muros en todo
edificio”.[7]
En Cristo, todo el edificio, la iglesia, está “bien coordinado” (gr.,
sunarmologoumene; Ef. 2:21),[8]
esto enfatiza la obra de Cristo en la construcción de la iglesia. Tal como el
edificio “crece” cuando se está construyendo, así también la iglesia, como
organismo vivo, crece cuando se suman a ella nuevos creyentes (cp. 1 P. 2:5).
Sacerdocio. En 1 Pedro 2:5, el
apóstol combina las figuras de edificio y sacerdocio cuando declara: “ustedes
son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual.
De este modo llegan a ser un sacerdocio santo” (NVI). La declaración recuerda a
Éxodo 19:5-6, donde Dios declaró que Israel era “un reino de sacerdotes”.[9]
No obstante, en Israel sólo podían ser sacerdotes quienes pertenecían a la
tribu de Leví, mientras que en la iglesia cada creyente es un sacerdote. Así lo
indica Pedro; el propósito de ello es ofrecer sacrificio espiritual, no animal.
La unicidad del
sacerdocio neotestamentario se ve más claramente en 1 Pedro 2:9, donde Pedro se
refiere al “real sacerdocio”. Los creyentes de la era de la iglesia son reyes y
sacerdotes (cp. Ap. 1:6). En el Antiguo Testamento era posible combinar los dos
oficios porque o bien se era de ascendencia sacerdotal levítica o de la
ascendencia real, que era de la tribu de Judá. Toda la iglesia funciona como el
sacerdocio; mientras que en Israel sólo la línea levítica tenía ese privilegio.
Todos los creyentes de la era de la iglesia tienen acceso a Dios por medio de
Cristo, el sumo sacerdote de la iglesia; mientras que en Israel los creyentes
individuales sólo podían acercarse a Dios por medio de los sacerdotes levitas.
En la era de la iglesia todos los sacerdotes pueden acercarse a Dios
confiadamente y en cualquier momento (He. 4:14-16), mientras que los israelitas
sólo podían acercarse durante las ofrendas particulares (Lv. 1—7).[10]
Tales contrastes indican que Israel y la iglesia son entidades diferentes, aun
cuando las dos tienen un llamado al sacerdocio.
Rebaño. Esta imagen bella y
tierna se encuentra en Juan 10:16 y describe la relación de los creyentes con
el Señor (cp. Hch 20:28; 1 P. 5:3). La relación de Israel con el Señor era como
de oveja y pastor (Sal. 23) y se dice de Israel que es un rebaño (Sal. 80:1;
Jer. 13:17), pero en el Antiguo Testamento dicha figura estaba limitada a
Israel. La relación oveja-Pastor entre la iglesia y Cristo es única, porque
este rebaño se compone de judíos y gentiles. Jesús declaró: “También tengo
otras ovejas [los gentiles] que no son de este redil [los judíos]; aquéllas
también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Jn.
10:16).
La imagen enfatiza que
los miembros de la iglesia universal pertenecen a Cristo, pues son sus ovejas.
Jesús enfatiza que el rebaño es suyo (Jn. 10:26-27) y que está seguro en su
mano. Más aún, el rebaño responde a la voz del Pastor: hay intimidad porque el
Pastor conoce individualmente sus ovejas y ellas reconocen su voz y le
responden.
Ramas. En Juan 15 Jesús
describe su relación cercana con los creyentes de la era de la iglesia en
términos de una vid y sus ramas. Jesús es la vid verdadera (Jn. 15:1) y el
Padre es quien labra la tierra para que las ramas den fruto (Jn. 15:1). Los
creyentes de la era de la iglesia son las ramas que tienen vida gracias a la
vid, porque están en ella (Jn. 15:4-5). Las ramas reciben su alimento de vida
porque están ligadas a la vid; en tanto estén en la vid, pueden crecer y dar
fruto.
Tal relación describe la
unión y la comunión de Cristo con los creyentes de la era de la iglesia.[11]
Cristo exhorta a la iglesia a permanecer en Él. Permanecer (gr., meno)
esencialmente quiere decir “quedarse” o “vivir”. En este contexto quiere decir
quedarse o continuar en el reino donde uno se encuentra.[12]
Por lo tanto, permanecer en Cristo es equivalente a creer en Él. Tal relación
de permanencia comienza en el momento de la fe y continúa en tanto caminemos
por fe (cp. 1 Jn. 2:22, 24, 28).[13]
El propósito de permanecer en la vid es producir fruto. Él “levanta” toda rama que no lleva fruto para que pueda llevarlo.[14] Las ramas que permanecen en Cristo, llevarán fruto (Jn. 15:5). Para promover el proceso de fructificación se podan las ramas de tal manera que puedan dar más fruto (Jn. 15:2). “La figura de la vid demuestra la relación vital entre Cristo y los miembros de la iglesia”.[15]
[1] Robert L. Saucy, The Church in
God’s Program (Chicago: Moody, 1972), p. 11.
[2] Henry C. Thiessen, Lectures in
Systematic Theology. rev. por Vernon D. Doerksen (Grand Rapids: Eerdmans,
1979), p. 307.
[3] Millard J. Erickson, Christian
Theology [Teología sistemática], 3 vols. (Grand Rapids: Baker, 1985), pp.
3:1043-1048, publicado en español por Clie; véase Douglas Kelly et al., eds.,
The Westminster Confession of Faiths, 2ª ed. (Greenwood: Attic, 1981), p. 44.
[4] Saucy, The Church in God’s
Program, p. 17.
[5] Este argumento toma como base el
uso de eklessia en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento.
Sin embargo, como ya se mostró, eklessia se puede usar en sentido no técnico o
para denotar cualquier reunión particular de personas. De modo que puede usarse
para identificar a Israel en el Antiguo Testamento. No obstante, ello no
constituye evidencia suficiente para igualar a la iglesia del Nuevo Testamento
con Israel. Iglesia, en su uso neotestamentario es diferente de Israel.
[6] Earl D. Radmacher, What the Church
Is All About: A Biblical and Historical Study (Chicago: Moody, 1978), pp.
256-265.
[7] A. T. Robertson, Word Pictures in
the New Testament [Comentario al texto griego del Nuevo Testamento], 6 vols.
(Nashville: Broadman, 1931), pp. 4:528-529. Publicado en español por Clie.
[8] “En términos de construcción
representa la totalidad del proceso elaborado por el cual se ajustan unas
piedras con otras: preparar las superficies, incluyendo la cantería, el pulido
y las pruebas; la preparación de las vigas y de los agujeros de las vigas; y
finalmente el ajuste de las vigas con plomo fundido”. Fritz Rienecker, A
Linguistic Key to the Greek New Testament, ed. Cleon Rogers Jr. (Grand Rapids:
Zondervan, 1980), p. 527.
[9] “Aunque estas descripciones de la
Iglesia [1 P. 2:9] sean similares a las que el Antiguo Testamento usa para
Israel, no indica esto que la Iglesia lo suplante y asuma sus bendiciones
nacionales (a cumplirse en el milenio). Pedro tan sólo usó términos similares
para señalar tales verdades”. Roger M. Raymer, “1 Peter”, en John F. Walvoord y
Roy B. Zuck, eds., The Bible Knowledge Commentary, 2 vols. (Wheaton: Victor,
1983), pp. 845-846.
[10] Véase el contraste útil en Saucy,
The Church in God’s Program, pp. 39-40.
[11] James E. Rosscup, Abiding in
Christ: Studies in John 15 (Grand Rapids: Zondervan, 1973), pp. 16-19.
[12] William F. Arndt y F. Wilbur
Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early
Christian Literature, 2ª ed., F. Wilbur Gingrich y Frederick W. Danker, eds.
(Chicago: Univ. of Chicago, 1979), p. 505.
[13] Homer A. Kent Jr., Light in the
Darkness: Studies in the Gospel of John (Grand Rapids: Baker, 1974), p. 183.
[14] La palabra de Juan 15:2 que se
tradujo “quitará”, bien podría haberse traducido por “levantará”, traducción
justificada tanto por la definición como por la cultura. La palabra airei se
puede traducir legítimamente como “levantar”. Véanse los usos en Arndt y Wilbur
Gingrich, A Greek-English Lexicon, p. 24. Quien viaje a Israel observará que
las viñas tienen piedras cuya altura es de unos 13 cm que se colocan debajo de
las ramas para levantarlas del suelo y ayudarlas a llevar fruto.
[15] Saucy, The Church in God’s
Program, pp. 55-56.
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