Distintivos de la Iglesia | Eclesiología con Feliberto Vasquez Rodriguez

 


Con relación a Israel. La iglesia es una entidad diferente de Israel y así continuará siéndolo. Evidencia de ello es lo siguiente. Israel siempre significa la descendencia física de Jacob. Así lo mostrará un simple estudio de concordancia del término Israel. Todas las veces que el término aparece en el Nuevo Testamento se refiere a los judíos.[1] Usar el término nuevo Israel para la iglesia es impreciso; Israel siempre hace referencia al pueblo judío.

Pablo acepta la distinción entre los dos. Cuando advierte a los creyentes que no ofendan a otros, menciona a judíos, griegos (gentiles) e iglesia (1 Co. 10:32). Después de que la iglesia se establece, Israel continúa siendo un pueblo diferenciado de los gentiles y de la iglesia (Hch. 3:12; 4:8, 10; 5:21, 31, 35; 21:19).[2]

Con relación al reino. Algunos cristianos creen que la iglesia es sinónimo del reino, y que ella lo inaugura. Ésa es una mala interpretación de la palabra reino, cuyo significado es “dominio real, y designa el poder (Esd. 4:5) y la forma de gobernar, y especialmente en los escritores posteriores, el territorio y el gobierno, el rey y el reino”.1[3] Por lo tanto, el significado básico contiene tres cosas: un gobernante, un pueblo para gobernar y un territorio sobre el cual hacerlo.

Hay dos formas básicas del reino.[4] (1) El reino universal. Esta forma de gobierno ha existido desde siempre (Lm. 5:19), incluye todo lo que hay en el tiempo y el espacio (Sal. 103:19; 139:7-10) y el control de la historia forma parte de él (Is. 44:26—45:4). El reino universal de Dios es su gobierno soberano desde la eternidad y hasta la eternidad.

(2) El reino de mediación. Es “(a) el gobierno de Dios a través de un representante elegido por Él; dicho representante no se limita a hablar y actuar en lugar de Dios, sino que además representa al pueblo ante Dios; (b) un gobierno que hace referencia especial a la tierra; y (c) tener de mediador a alguien que siempre haya sido miembro de la humanidad”.[5] Así, Dios entregó su voluntad en la tierra a través de mediadores señalados como Adán, Noé, Abraham, Moisés y otros. Estos mediadores anticiparon siempre al Mediador final, el Mesías que habría de venir para gobernar la tierra al final de esta era. Tal fue la promesa de Gabriel a María sobre su Hijo: “Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc. 1:32-33). Es decir, se refiere al reino futuro prometido (2 S. 7:12-16) sobre el cual el Mesías regirá. La iglesia no es el reino. Ella existe en la era actual; el reino es futuro y su inauguración tendrá lugar con la segunda venida de Cristo.

Hay varias distinciones entre la iglesia y el reino. En las Escrituras jamás se intercambian los términos iglesia y reino.[6] En las 114 apariciones de la palabra iglesia (gr., ekklesia), nunca se iguala a reino.[7] Jesús vino a ofrecerle el reino a la nación judía; de ahí la proclamación “el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4:17). Cuando rechazan el reino, éste queda a la espera de la segunda venida (Mt. 13). Después del rechazo de su oferta del reino, Jesús anunció que edificaría su iglesia (Mt. 16:18).

Funciones de la iglesia local

¿Qué constituye una iglesia local? ¿Qué es una iglesia, en realidad? ¿Un grupo de creyentes que se reúne para oír grabaciones de líderes cristianos es una iglesia? ¿Un grupo que se reúne a oír cada semana un conferenciante bíblico diferente es una iglesia?

Hay varias características importantes que permiten identificar una iglesia local bíblica según el Nuevo Testamento.

La adoración.[8] El griego neotestamentario tiene varias palabras para adoración. Proskuneo que significa “inclinarse” o “postrarse” se usa muchas veces en los Evangelios pero sólo una vez en las epístolas, en 1 Corintios 14:24-25 en conexión con los incrédulos. El hecho físico de inclinarse refleja la actitud interna del corazón: sumisión a Dios. Latreuo tiene el significado básico de “servicio sacerdotal”; por lo tanto, Pablo le servía a Dios mediante la predicación (Ro. 1:9). En lugar de ofrecer un animal muerto para adorar, el creyente del Nuevo Testamento le ofrece a Dios un cuerpo vivo, separado para Dios en el acto de adoración (Ro. 12:1). Sebomai quiere decir “quien teme a Dios” en la literatura del Antiguo Testamento, y “adoración” en el Nuevo Testamento (cp. Hch. 18:13).

La adoración verdadera debe ser de la naturaleza o esfera espiritual y debe ser acorde con la verdad como Dios la reveló (Jn. 4:24). Requiere la presentación decisiva de todo el creyente a Dios (Ro. 12:1-2). Mientras los creyentes del Antiguo Testamento se reunían para adorar el sábado, en Hechos se ve la transición pues los cristianos comenzaron a adorar el domingo, el primer día de la semana, para conmemorar la resurrección (Jn. 20:1, 19, 26). Cumplían el mandato del Señor sobre la Cena del Señor (Acts 20:7) y recogían las ofrendas (1 Co. 16:2) cuando se reunían el primer día de la semana. Cantar himnos también era parte de la adoración conjunta en la iglesia primitiva (1 Co. 14:26; Ef. 5:19; Col. 3:16).

Instrucción. Era un elemento vital en la vida de la iglesia primitiva. Dios entregó las Escrituras para enseñarlas a las personas y hacerlas madurar (2 Ti. 3:16-17). La enseñanza es el antídoto contra las falsas doctrinas (1 Ti. 1:3), produce amor entre los creyentes (1 Ti. 1:5), provee alimento espiritual (1 Ti. 4:6), piedad (1 Ti. 4:6-16), sumisión (1 Ti. 5:17; 6:2) y un enfoque apropiado de la vida (1 Ti. 6:17). Pablo le pidió a Timoteo instruir a otros para extender la doctrina (2 Ti. 2:2; cp. 1 Ti. 4:14, 16; 6:20).

Desde el mismo comienzo, la iglesia se entregó a la enseñanza de los apóstoles (Hch. 2:42), y luego procedió a llenar la ciudad de doctrina cristiana (Hch. 5:28). Pablo elogió a la iglesia de Roma por adherirse a la enseñanza que había recibido. En sus viajes misioneros, Pablo enseñaba en las iglesias (Hch. 18:11), tanto en público como en las casas (Hch. 20:20). En realidad, Hechos concluye con las enseñanzas de Pablo a quienes se le acercaban en Roma (Hch. 28:31). Difícilmente se podría sobrevalorar la importancia de enseñar como una de las principales funciones de la iglesia.

Comunión. La palabra comunión (gr., koinonia) quiere decir “compartir” y enfatiza la unidad de la iglesia. La comunión tiene lugar de varias formas. La iglesia primitiva se reunía para tener comunión al partir el pan y orar (Hch. 2:42). Partir el pan era tener una comida conjunta, llamada “ágape”, y después tomar la Cena del Señor. La iglesia primitiva enfatizó bastante la comunión en la oración (cp. Hch. 4:24-31; 12:5, 12; Fil. 1:3-4). La comunión también podría incluir medios materiales para ayudar en la difusión del evangelio (Ro. 15:26; 2 Co. 9:13; Fil. 1:5) o compartir el rechazo por identificarse con Cristo (Fil. 3:10).

La comunión también enfatiza el hecho de que los creyentes pertenezcan unos a otros. Pablo lo enfatiza con su uso de “los unos a los otros”. Pablo instruye a los creyentes a aceptarse unos a otros por su comunión en Cristo (Ro. 15:7), a amarse unos a otros (Ef. 4:2, 15, 16; 5:2), a abstenerse de juzgarse unos a otros (14:3, 13), a fortalecerse unos a otros (Ro. 14:19), a estar unidos (Ro. 15:5) y a amonestarse unos a otros (Ro. 15:14). Esta forma de relación es importante para mantener la unidad por la cual Cristo oró (Jn. 17) y por la que Pablo suplicó (Fil. 2:1-4).

Ministerio. La iglesia local también tiene que ver con el ministerio (véase “Propósito de la iglesia” en la página 364 para mayor explicación). Consiste en la evangelización de los incrédulos del mundo (Hch. 8:4; 11:19-20; 16:31; 17:12) y varios ministerios orientados a los creyentes en la comunidad de la iglesia. También consiste en el ejercicio de los dones espirituales para ministrarse unos a otros (Ro. 12:3-8; 1 Co. 12; Ef. 4:8-13) y, en esa misma medida, servir a otros (Ro. 12:7), dar para cubrir las necesidades de otros (Ro. 12:8), mostrar compasión (Ro. 12:8) y ayudar a otros (1 Co. 12:28). Lleva implícito, además, el ejercicio de la disciplina eclesial. Es necesario usarla (exclusión de la comunidad) por causa de la inmoralidad (1 Co. 5:1-13) y de las falsas doctrinas (2 Ts. 3:14; 2 Jn. 10). Gálatas 6:1-2 aporta un principio importante sobre el uso de la disciplina eclesial. El ministerio también consiste en ayudar a los necesitados de la iglesia, en particular a las viudas (Stg. 1:27). En 1 Ti. 5:1-8 se aportan detalles sobre la importancia de cuidar a las viudas.

Organización. Cuando la iglesia se forma se deben asignar ancianos y diáconos para supervisar el ministerio (Hch. 14:23; Tit. 1:5).

Ordenanzas. La iglesia practicó las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor (Hch. 2:41; 1 Co. 11:23-24).


[1] Donald K. Campbell, “Galatians”, en The Bible Knowledge Commentary, p. 2:611. El pasaje en disputa es Gálatas 6:16: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios”. “Debe considerarse la frase como una entidad o grupo separado, no como explicación de lo anterior. Sus pensamientos apuntan a sus hermanos en la carne, y hace la pausa para especificar a aquellos que una vez fueron israelitas según la carne pero ahora son el Israel de Dios”. Rienecker, Linguistic Key to the Greek New Testament, p. 520.

[2] Charles C. Ryrie, Basic Theology [Teología básica] (Wheaton, Ill.: Victor, 1987), p. 399. Publicado en español por Unilit.

[3] Hermann Cremer, Biblico-Theological Lexicon of New Testament Greek (Edimburgo: Clark, 1895), p. 132

[4] Véase Alva J. McClain, The Greatness of the Kingdom [La grandeza del reino] (Chicago: Moody, 1968), pp. 23ss, publicado en español por Editorial Cordillera. Este libro trata de manera importante el asunto. Para un estudio exhaustivo véase George N. H. Peters, The Theocratic Kingdom (Reimpresión. Grand Rapids: Kregel, 1957).

[5] McClain, The Greatness of the Kingdom [La grandeza del reino], p. 41.

[6] Véase Saucy, The Church in God’s Program, pp. 84-85; Emery H. Bancroft, Christian Theology, 2ª ed. rev. (Grand Rapids: Zondervan, 1976), pp. 284-288 y Radmacher, What the Church Is All About, pp. 166-176, para las diferencias entre iglesia y reino.

[7] Radmacher, What the Church Is All About, p. 168.

[8] Véanse los resúmenes útiles en Saucy, The Church in God’s Program, pp. 166-190 y Ryrie, Basic Theology [Teología básica], pp. 428-432.


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