El propósito de la Iglesia | Eclesiología con Feliberto Vasquez Rodriguez
La iglesia tiene dos
propósitos principales: reunir (ministrar al cuerpo) y esparcir (ministrar al
mundo).[1] Por un lado, la iglesia se
reúne como un cuerpo de creyentes en el cual los creyentes se ministran unos a
otros; por otro lado, la iglesia debe ministrar el evangelio a los incrédulos
del mundo. Estos dos propósitos deben mantenerse separados: la iglesia ministra
tanto a creyentes como a incrédulos. Hay varias funciones en cada una de estas
dos grandes áreas.
Reunir: ministrar al cuerpo
El propósito de que la
iglesia se reúna es que madure (Ef. 4:13). Muchas actividades de la iglesia
reunida apuntan a este fin.
Enseñanza. La palabra enseñanza (gr., didajé) es
sinónima de la palabra doctrina. Es un factor importante en la edificación, y
constituía una parte vital de la iglesia del Nuevo Testamento. Sus miembros se
dedicaban[2] con esmero a las
enseñanzas de los apóstoles (Hch. 2:42). Enseñaban la doctrina de la
resurrección de Cristo (Hch. 4:2), lo hacían continuamente, cada vez que tenían
la oportunidad (Hch. 5:21, 25), hasta el punto de tener a Jerusalén saturada
con la enseñanza de Cristo y su expiación (Hch. 5:28). El centro de su mensaje
era Jesús como verdadero Mesías (Hch. 5:42; 17:3). Los nuevos creyentes
maduraban gracias a las enseñanzas (Hch. 11:26; 15:35).
El objetivo de la
enseñanza paulina era presentar perfecto en Cristo a todo creyente (Col. 1:28);
por lo tanto, la enseñanza debía ser una práctica para las generaciones futuras
(2 Ti. 2:2). No hacerlo o no atender a la enseñanza producía niñez espiritual
(He. 5:12). Un sencillo estudio de concordancia revelará la importancia de la
enseñanza como énfasis del Nuevo Testamento.
Comunión. Además de la enseñanza, la iglesia del
Nuevo Testamento usó otros dones espirituales para ministrar al cuerpo. La
relación entre el cuerpo de Cristo se ve en el término “los unos a los otros”
(cp. Ro. 12:5, 10, 16; 13:8; 14:13, 19; 15:5, 7, 14). Ello enfatiza además la
importancia de la comunión con la iglesia reunida. Así tenían comunión en el
sufrimiento (Hch. 4:23; 5:41), en la unidad (Hch. 2:46; 4:31; Fil. 2:1-4), en
el ministerio (Hch. 4:31), en la oración (Hch. 2:14, 42; 4:31; 12:5, 12; 13:3;
16:25), en la Cena del Señor (Hch. 2:14), así como en las comidas (Hch. 2:46).
Es interesante que dicha comunión era diaria (Hch. 2:46). También requería la
ayuda a las viudas, huérfanos y necesitados de la familia propia (1 Ti. 5:8;
Stg. 1:27).
Adoración. Es parte integral de la iglesia reunida.
Muchas de las cosas mencionadas son reflejo de la adoración (p. ej., la Cena
del Señor). En la iglesia reunida, la oración fue desde el comienzo un aspecto
importante de la adoración. Cuando los otros creyentes pasaban necesidades, la
iglesia oraba (Hch. 12:5, 12). Leer la Biblia también era parte central de las
reuniones de la iglesia (Hch. 4:24-26; 1 Ti. 4:13; 2 Ti. 3:15-17). Sin duda,
esto seguía el patrón de adoración en las sinagogas, donde se enfatizaba la
lectura y exposición de las Escrituras.[3] Cantar era parte vital de
la iglesia primitiva, como expresión sincera de la adoración (Hch. 16:25; 1 Co.
14:26; Ef. 5:19; Col. 3:16).
Esparcir: ministrar al mundo
La iglesia
neotestamentaria intentaba llevar el evangelio a todo el mundo, no confinarlo a
un edificio. El mandamiento fundamental para evangelizar el mundo es Mateo
28:18-20. La obra de la iglesia en el mundo es hacer discípulos (aprendices), bautizarlos
y llevarlos a la comunidad de creyentes. El ministerio del evangelismo no lo
llevaban a cabo sólo unas cuantas personas selectas, también los creyentes
comunes y corrientes (Hch. 8:4). El mensaje central de la iglesia primitiva era
Cristo (Hch. 8:5, 12, 35; 9:20; 11:20); más aún, llevaban su mensaje más allá
de los límites judíos, cruzando las antiguas barreras culturales tan rígidas
(Hch. 10:34-43; 11:20; 14:1). El resultado es que muchas personas se
convirtieron (Hch. 2:41; 4:4; 5:14; 6:1; 8:12; 10:48; 11:24; 13:48; 14:1, 21).
La pregunta sobre la naturaleza del evangelio se ha debatido desde hace mucho tiempo. No obstante, el Nuevo Testamento dice poco sobre la responsabilidad social en el mundo. Gálatas 6:10 enfatiza la ayuda entre los creyentes, quienes son llamados también a “[hacer] bien a todos”. Cuando se examina el mensaje de Pablo en Hechos, el énfasis está en creer que Jesús es el Cristo (Hch. 16:31). Así, Pablo delinea la esencia del evangelio en 1 Corintios 15:1-4: creer en la muerte y resurrección de Cristo.
[1] Véase Gene A. Getz, Sharpening the
Focus of the Church (Chicago: Moody, 1974), pp. 40-50, 75-83, 269-316.
[2] El participio presente griego
prokarterountes enfatiza que continuamente hacían esto.
[3] Bruce M. Metzger, The New
Testament: Its Background, Growth, and Content (Nashvile: Abingdon, 1965), pp.
56-60.
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