Los Líderes de la Iglesia | Eclesiología con Feliberto Vasquez Rodriguez
Hebreos 13:17 identifica
a los líderes de la iglesia local que velan por el bienestar de las personas;
los creyentes deben someterse a quienes tienen autoridad sobre ellos. Hay
varios oficios para denotar a los líderes mencionados en las Escrituras.
Ancianos
Nombres. Hay
dos términos básicos para identificar el oficio de anciano.
Presbíteros. El primer término es
anciano (gr., presbuteros) e identifica a alguien que ha sido cristiano durante
más tiempo. Puede usarse en sentido literal para referirse a un hombre mayor (1
Ti. 5:1) o a una mujer mayor (1 Ti. 5:2). También puede usarse en sentido
figurado para los líderes, como los miembros del Sanedrín (Hch. 4:5) o los
líderes de la iglesia (Hch. 14:23; 15:2, 4, 6).
Presbuteros enfatiza
además la dignidad y madurez del cargo. Los ancianos tienen autoridad para
distribuir el dinero (Hch. 11:30) y para tomar decisiones relativas a lo que
constituye la doctrina ortodoxa (Hch. 15:2, 4, 6, 22; 16:2); reciben los
informes de la obra misionera (Hch. 20:17; 21:18); se deben respetar (1 Ti.
5:17); no deben ser dictatoriales (1 P. 5:1-3); deben visitar a los enfermos y
orar por ellos, y ofrecerles consejo y ánimo (Stg. 5:14).[1]
Obispos. El segundo término es obispo (gr., episkopos).
El término significa “vigilar” como un pastor. Enfatiza la obra o función del
anciano. Su deber es alimentar y cuidar al rebaño que Dios le confió (cp. Hch.
20:28; 1 Ti. 3:2; Tit. 1:7). Si se comparan Hechos 20:17, 28 y Tito 1:5, 7,
puede verse que anciano y obispo se intercambian, luego son el mismo oficio. La
distinción importante es que presbuteros enfatiza la dignidad del oficio,
mientras que episkopos enfatiza la obra.
Cualificaciones.
Las cualificaciones de los ancianos se dan en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9. Los
ancianos deben tener las quince características siguientes. Ser irreprensible:
no hay nada en su vida por lo cual se le pueda acusar. Marido de una sola
mujer: no quiere decir “una a la vez” (la poligamia era desconocida para los
romanos y los griegos); no se ha divorciado ni se ha vuelto a casar.[2] Sobrio: su juicio es
moderado. Prudente: es discreto, coherente.
Decoroso:
es sensato, no es cáustico. Hospitalario: ama a los extranjeros y los hospeda.
Apto para enseñar: discierne y comunica la sana doctrina. No dado al vino: no
se demora en la mesa bebiendo vino. No es pendenciero: no busca peleas. Gentil:
es razonable. No es contencioso: evita las peleas. No ama el dinero: no es
avaro o irresponsable en lo relativo al dinero. Dirige su propia casa: atiende
a su propia familia para hacerlos creyentes y obedientes. No es un recién
convertido: no es un neófito. Buena reputación entre los incrédulos: es
respetado por la comunidad en general.
Deberes.
Pastorear el rebaño (Hch. 20:28), enseñar (1 Ti. 3:2), liderar en general o
gobernar (1 Ti. 5:17) y proteger del error (Tit. 1:9).
Número.
Con frecuencia se menciona a varios ancianos (Hch. 14:23; Fil. 1:1; Tit. 1:5).
Diáconos
Nombres.
La palabra diácono (gr., diakonos) es la usual para “ministro” o “siervo” y
aparece muchas veces en el Nuevo Testamento sin sentido técnico (Mt. 20:26; Mr.
9:35).
Oficio.
Aunque no se establece con claridad, parece que el oficio se origina en Hechos
6:1-6, cuando se seleccionan siete hombres para velar por las necesidades
materiales de las viudas en la congregación. Esto les permitió a los apóstoles
dedicar tiempo a la oración y a ministrar la Palabra. Según esto, la función de
los diáconos está subordinada a los ancianos y es auxiliar para ellos; mientras
los ancianos enseñan a la congregación, los diáconos velan por las necesidades
materiales de la congregación. El término “doblez” sugiere que los diáconos
tenían contacto casa a casa (cp. 1 Ti. 3:8).
Cualificaciones.
En 1 Timoteo 3:8-13 se detallan las condiciones para el diaconato. Un diácono
se caracteriza por las siguientes ocho características. Son dignos: serios,
merecedores de respeto. Sin doblez: no generan historias conflictivas en la
congregación. No son adictos al vino: son moderados en comida y bebida. No son
afines a las ganancias deshonestas: no codician el dinero ni usan su posición
para obtener ganancias económicas. Guardan el ministerio de la fe: practican lo
que predican. Sometidos a prueba: aprobados después de haberlos observado. Una esposa:
no se han divorciado ni se han vuelto a casar. Gobiernan bien su casa: son
dignos de estar al frente de los asuntos de la iglesia porque dirigen bien los
de su propia casa.
Diaconisas
La pregunta sobre las
diaconisas genera debate. Hay dos pasajes a considerar en cuanto al oficio.
Romanos 16:1 habla de Febe, “diaconisa” (gr., diakonon) de la iglesia. La
pregunta es si el término se usa en el sentido técnico del oficio eclesial o en
el sentido no técnico de ideal cristiano de servicio. Aunque es difícil dar una
respuesta definitiva a la pregunta, parece que Pablo no emplea el término en
sentido técnico, lo cual es consistente con los saludos informales al final de
la carta (cp. 1 Co. 16:15). Pablo usa el término en sentido no técnico en otros
pasajes (Ef. 3:7; Col. 1:25; 1 Ti. 4:6).
El segundo pasaje es 1 Timoteo 3:11, donde se menciona a las “mujeres” (gr., gunaikas). La pregunta es si mujeres hace referencia a las esposas de los diáconos o si se refiere al oficio separado de diaconisa. El contexto sugiere una pausa no natural si esto se refiere a las diaconisas; se haría referencia entonces a los diáconos en los versículos 8-10 y luego saltaría a los versículos 12-13, lo cual no parece muy coherente. Homer A. Kent Jr., por el contrario, sostiene firmemente que 3:11 se refiere al oficio de diaconisa.[3] En 1 Timoteo 5:9-16 se habla sobre el ministerio de las mujeres en la iglesia. Sin embargo, no declara si tal ministerio es el de diaconisa.
[1] Véase la explicación valiosa sobre
la palabra enfermo (gr., asthenei), que significa “estar débil”, y se refiere a
quien está cansado moral o espiritualmente. Véase J. Ronald Blue, “James”, en
The Bible Knowledge Commentary, pp. 2:834-835.
[2] Véase la explicación importante de
Homer A. Kent Jr., The Pastoral Epistles (Chicago: Moody, 1982), pp. 122-126.
Kent explica las diferentes perspectivas y concluye que Pablo prohíbe las
segundas nupcias después del divorcio. El argumento sobre el divorcio
usualmente se centra en la cláusula de excepción de Mateo 19:9. Para un estudio
cuidadoso y bíblico del asunto del divorcio completo véase J. Carl Laney, The
Divorce Myth (Minneapolis: Bethany, 1981). Tal vez el libro más importante que
se ha escrito recientemente sobre el tema sea el de William A. Heth y Gordon J.
Wenham, Jesus and Divorce: The Problem with the Evangelical Consensus
(Nashville: Nelson, 1984). Concluyen que la sugerencia usual según la cual
Jesús permitió que la “parte inocente” se volviera a casar después del divorcio
es una perspectiva reciente abogada primero por Erasmo, y es deficiente y
errónea bíblicamente. Sin consultar esta importante obra el estudio del tema no
estará completo.
[3]
Kent, The Pastoral Epistles, pp. 135-137.
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