Características | Dispensacionalismo con Feliberto Vásquez Rodríguez

Gracia. Aunque los dispensacionalistas enfatizan que la presente era de la iglesia es una de gracia (Jn. 1:17; Ro. 6:14), ese énfasis no quiere decir que la gracia no existiera en las dispensaciones previas. En la salvación, el acercamiento a Dios es siempre por la gracia, y ésta se manifestó también en la dispensación de la ley.[1] Dios escogió a Israel pero pasó por alto a los gentiles. Prometió tierra, paz, victoria sobre los enemigos y bendición para Israel. A pesar de los repetidos fracasos del pueblo, Él continuó su trato de gracia con la nación; el período de los jueces y los monarcas fue una muestra de dicha gracia. En medio del fracaso de Israel, Dios le prometió al país un nuevo pacto en el cual perdonaría sus pecados. Dios los hizo aptos por medio de la gracia manifestada y por el ministerio del Espíritu.

Aunque la gracia de Dios se manifiesta en la presente era de manera singular a través de la venida de Jesucristo, la gracia también se manifestó bajo la ley.

Salvación. A veces se ha acusado a los dispensacionalistas de enseñar formas diferentes de salvación en las diferentes dispensaciones. Sin embargo, es una acusación falsa. Los dispensacionalistas enseñan que “la base de la salvación en cada era es la muerte de Cristo; el requisito para la salvación en todas las eras es la fe; el objeto de la fe en cada era es Dios; el contenido de la fe cambia con las dispensaciones”.[2] La revelación de Dios al hombre difiere en las diferentes dispensaciones, pero el hombre tiene la responsabilidad de responderle a Dios en fe, de acuerdo con la forma en que Dios se le ha revelado. Así, cuando Dios se le reveló a Abraham y le prometió una gran posteridad, Abraham creyó a Dios, y Dios declaró justo al patriarca (Gn. 15:6). Es probable que Abraham supiera poco de Cristo, pero respondió con fe a la revelación de Dios y obtuvo la salvación. De manera semejante, Dios prometió vida por medio de la fe bajo la ley. Aunque los israelitas bajo la ley conocían la importancia de los sacrificios de sangre, su conocimiento del sufrimiento del Mesías era limitado, pero se salvaron por la fe (Hab. 2:4). De modo que los dispensacionalistas enfatizan en cada dispensación la salvación por la gracia de Dios y por medio de la fe y según su revelación.

Iglesia. En ninguna parte hace tanta diferenciación el dispensacionalismo como en su doctrina de la iglesia. Los dispensacionalistas sostienen que la iglesia es una entidad completamente distinta de Israel. Esto se argumenta desde varios puntos. (1) La iglesia era un misterio, desconocido en el Antiguo Testamento (Ef. 3:1-9; Col. 1:26). (2) La iglesia está compuesta por judíos y gentiles; los gentiles también se volvieron herederos sin tener que hacerse prosélitos judíos, algo que no era cierto en el Antiguo Testamento (Ef. 3:6). Tal asunto se resolvió en Hechos 15, cuando los judaizantes intentaron poner a los gentiles bajo la ley. (3) La iglesia no comenzó hasta Hechos 2. Por la obra bautismal del Espíritu Santo los creyentes se unen con Cristo y entre ellos, formando así la iglesia (1 Co. 12:13). Esta obra era futura en Hechos 1:5, pero en Hechos 11:15 está claro que comenzó en Hechos 2, cuando nace la iglesia. Los dispensacionalistas creen también que la iglesia dejará de existir en la tierra en el momento del arrebatamiento, antes de la tribulación (1 Ts. 4:16). (4) El Nuevo Testamento es coherente en su distinción entre la iglesia e Israel (1 Co. 10:32).

Profecía. Los dispensacionalistas intentan ser consistentes en la interpretación literal; por lo tanto, las profecías veterotestamentarias relativas a Israel se consideran atentamente. Más aún, tales profecías pertenecen a Israel, la descendencia de Jacob, no a la iglesia. Fue Israel quien recibió los pactos incondicionales del Antiguo Testamento: el pacto abrahámico (Gn. 12:1-3) le prometía tierra, posteridad y bendición; el pacto palestino (Dt. 30:1-10) le prometía el regreso a la tierra; el pacto davídico (2 S. 7:12-16) le prometía un Mesías de la tribu de Judá, tendría un trono y un reino, gobernando sobre Israel; el nuevo pacto (Jer. 31:31-34) le prometía el medio espiritual por el cual la nación sería bendecida y perdonada.

Si estos pactos se entienden literal e incondicionalmente, entonces Israel tiene un futuro diferente del de la iglesia. Sobre esa base los dispensacionalistas sostienen que el milenio será literal para Israel, establecido por el Mesías en su segunda venida (Ap. 19:11-19). Pero antes de entrar en la bendición, Israel debe arrepentirse y reconocer a Jesús como el Mesías; uno de los principales propósitos de la tribulación es disciplinar a Israel para llevarlo a la fe en el Mesías (Jer. 30:7; Ez. 20:37-38; Dn. 9:24. La tribulación, pues, no tiene punto de referencia para la iglesia que será arrebatada antes de la tribulación (Ro. 5:9; 1 Ts. 5:9; Ap. 3:10). El propósito de la tribulación tiene que ver con Israel, no con la iglesia. He ahí una de las principales razones por las cuales los dispensacionalistas defienden el arrebatamiento pretribulacional.


[1] Charles C. Ryrie, The Grace of God [La gracia de Dios] (Chicago: Moody, 1963), pp. 101-109. Publicado en español por Portavoz.

[2] Ryrie, Dispensationalism Today [Dispensacionalismo hoy], p. 123.


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