URIM y TUMIM
Heb. 224, 8550 haurim wehattummim, ה
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= «luces [o fuegos] y perfecciones».
Vocablos que aparecen siempre en este orden y juntos, excepto en Nm. 27:21 y 1 Sam. 28:6,
donde Urim aparece aislado, y en Dt. 33:8, donde se muestran en orden inverso.
Urim,
םא
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, es el pl. de ur, א ,luz» o «fuego», cuya traducción gr. correcta sería phos« = ר
φς,ַo sus cognados, pero los traductores de la LXX tienen délosis,ַδλωσις (Ex. 28:30; Eclo.
45:10), deloi,ַδλοι (Nm. 27:21; Dt. 23:8; 1 Sam. 28:6), y photizo,ַφωτַζω (Esd. 2:63; Neh.
7:65). Aquila y Teodoción traducen más literalmente photismoí,ַφωτισμο; la Vulg., siguiendo
la LXX, se aparta por completo del sentido original y tiene doctrina (Ex. 28:30; Dt. 33:8),
per sacerdotes (1 Sam. 28:6), o judicium (Eclo. 45:10).
Tummim, ִ ִ ים, es el pl. de tom, ִ ם = «perfección, totalidad»; la LXX usa el término gr.
equivalente téleion,ַτλειον, en Esd. 2:63 (Vulg. perfectus), pero en el resto se decide por
alétheia,ַλθεια, seguida por la Vulg. veritas. Más exacto, Aquila escoge teleioseis,ַτελειַσεις.
Estos misteriosos términos aparecen por primera vez en relación con la vestimenta del sumo
sacerdote, concretamente del efod y del «pectoral del juicio» (hoshén hammishpat, ט ה
ן
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ַ Sept. logeîon kríseos, λογεַονַκρַσεως; Vulg. rationale judicii), dentro del cual se ,ֶ ַ
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colocaban el Urim y el Tumim (Ex. 28:28-30). El autor sagrado no ofrece ni una sola palabra
respecto a su forma o naturaleza, pese a lo minucioso que aparece en la descripción de otros
objetos o prendas; quizá esto se deba a que era algo perfectamente conocido de sus
contemporáneos, no así de lectores posteriores, lo que deja su uso y destino sometido a
conjeturas más o menos plausibles.
El pectoral al que se hace mención en relación con el Urim y el Tumim era una pieza de
tejido doblada que formaba un cuadrado de 24 cm de lado, y que se llevaba encima del pecho
(Ex. 28:30; Lv. 8:8). En el exterior, el pectoral del juicio llevaba los nombres de las doce
tribus, grabados sobre doce piedras preciosas diferentes, dispuestas en cuatro hileras de tres
piedras cada una, y en el interior se colocaban el Urim y el Tumim, de los que se servía el
sumo sacerdote para descubrir la voluntad divina en los casos dudosos que concernían a la
suerte de la nación. Algunos estudiosos presumen que el Urim servía para traer a la luz la
culpabilidad del acusado, y el Tumim para establecer su inocencia.
Con todo, solo se mencionan una vez en la historia de Israel, pese a que se hace referencia a
casos singulares en que el pueblo «consultaba» a Yahvé (Jos. 9:14; Jue. 1:1; 20:18, 23, 27,
28), pero sin nombrarlos. Se trata de la consulta del rey Saúl sobre el resultado de su
enfrentamiento con los filisteos, para lo cual necesitaba saber si había pecado en él, en su
hijo o en el pueblo, que impidiera el triunfo. Entonces dijo Saúl a Yahvé Dios de Israel: Si el
pecado está en mí o en mi hijo, da urim, y si la iniquidad está en el pueblo, da tumim (1 Sam.
14:37-42). Más tarde, y de nuevo ante la amenaza del ejército filisteo, Saúl consultó a Yahvé,
«pero Yahvé no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por los profetas» (1 Sam. 28:6).
De aquí se puede deducir que el Urim y el Tumim eran una especie de oráculo empleado por
el sacerdote para conocer la voluntad divina, y que se usaban a veces como una especie de
prueba para descubrir la culpabilidad o inocencia de personas sospechosas.
Al retorno del exilio, se constata que ningún sacerdote poseía el Urim y el Tumim (Esd. 2:63;
Neh. 7:65). Josefo pretende que su uso no había cesado más que 200 años antes de su época
(Ant. 3, 8, 9), pero los rabinos afirman que en el Templo de Zorobabel no hubo ni Urim ni
Tumim. Su utilización era una prerrogativa del sumo sacerdote, lo que acrecentaba la
importancia de la tribu de Leví (Dt. 33:8).
Ciertos comentaristas han buscado una analogía entre la insignia que llevaba el sumo
sacerdote egipcio, cuando aplicaba justicia, y el Urim y el Tumim del sumo sacerdote
israelita. Pero esta insignia egipcia no tiene relación con el Urim y el Tumim, que servían
para determinar la voluntad de Dios. Otros confunden el Urim, el Tumim y el pectoral,
imaginando que el destello intermitente de las piedras preciosas iluminando las piedras
grabadas, habría permitido al sumo sacerdote formular la respuesta. Hay solo dos
interpretaciones probables:
1) El Urim y el Tumim habrían sido objetos extraíbles del pectoral, que se habrían podido
echar para consultar al Señor. Esta opinión se apoya sobre las dos menciones de echar algo
a suertes, en relación con la búsqueda de la voluntad de Dios (1 Sam. 10:19-22; 14:37-42);
el texto de la LXX favorece esta interpretación.
2) Según otras autoridades, el Urim y el Tumim solo tenían un valor simbólico. Revestido
del efod, con el Urim y el Tumim, emblemas de luz y verdad, el sumo sacerdote buscaba
saber la voluntad de Dios, tal como el Señor se lo había ordenado. Presentaba el problema a
Dios en oración, y la respuesta le era revelada a su espíritu. El sumo sacerdote la estimaba
justa, por cuanto la petición había sido presentada siguiendo los requisitos dados por el Señor
(Ex. 28:30; Lv. 8:8). Sus promesas garantizaban una luz y verdad perfectas. La fe contaba
con el cumplimiento de estas promesas. Más tarde, serían los profetas los que dieran a
conocer al pueblo la voluntad del Señor. Sus revelaciones tomarían el lugar del Urim y el
Tumim.
La interpretación alegórica cristiana ha visto en el Urim y el Tumim un tipo o sombra de la
verdad que se manifestaría en Cristo, la Luz y la Perfección, el Testimonio y la Verdad (cf.
Jn. 1:9; 14:6; 18:37). Si mediante el Urim y el Tumim se concedió al sumo sacerdote cierta
medida del Espíritu Santo, Jesucristo, el Sumo Sacerdote por excelencia, ha recibido el
Espiritu sin medida (cf. Jn. 3:34). Algunos han visto el Urim y el Tumim como el objeto al
que Juan hace alusión mediante la imagen de una «piedrecita blanca» (psephosַleuké,ַψφος
λευκַ,ַAp. 2:17), como parte de un misterio que solo el creyente que lo recibe conoce.
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