Hijo del hombre ¿Una figura mesiánica?
Gr. huiós tu anthropu, υ
ς το νθρ που; Vulg. filius homini. Designación de Cristo casi limitada a los
Evangelios: fuera de ellos solo se halla en Hch. 7:56, la única ocasión en que
un discípulo aplica este título a Jesús, y en Ap. 1:13; 14:14. Como título se
encuentra especialmente en los Sinópticos y puesto en boca de Jesús. Sus
menciones en el Evangelio de Juan (1:51; 3:13, 14; 5:27; 6:27, 53, 62; 8:28;
12:23, 34; 13:31) no son paralelas a las de los Sinópticos. En estos últimos se
refiere en primer lugar a la humanidad de Cristo, su obra terrenal, sus
sufrimientos y su muerte (p.ej., Mt. 8:20; 11:19; 12:40; 26:2, 24); y en
segundo, a su gloria en la Resurrección, así como a la de su futura venida
(p.ej., Mt. 10:23; 13:41; 16:27, 28; 17:9; 24:27, 30, 37, 39, 44).
«Hijo del hombre» es la
traducción del aram. bar enash, אֶ נָ ַ ר , y del heb. ben adam, אָ דָ ם ֵ ן,
que desde el punto de vista puramente semántico indica un «hombre», un
individuo perteneciente a la especie humana. En el AT se emplea principalmente
en el libro de Ezequiel, donde Yahvé llama al profeta «hijo de hombre» hasta 93
veces (Ez. 2:1; etc); en este contexto designa únicamente un miembro de nuestra
raza, «un hombre», un «hijo de Adán», como en otros pasajes (Nm. 23:19; Sal.
79:18; Is. 56:2; Dan. 8:17). Subraya la precariedad del hombre (Is. 5:12; Job
25:6), su pequeñez delante de Dios (Sal. 8:4), a veces su condición pecadora
(Sal. 14:2s; 31:20), abocada a la muerte (Sal. 89:48; 90:3).
En libro de Daniel
En el libro de Daniel esta expresión tiene un significado distinto. Aparece en el contexto de la predicción respecto a los poderes mundiales hostiles a Dios, simbolizados por bestias feroces. «Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un hijo del hombre. Llegó hasta el Anciano de Días, y le presentaron delante de él» (Dn 7:13). Este texto ha recibido diversas interpretaciones y sigue siendo hoy objeto de debate. Sin embargo, parece que en esta visión el hijo del hombre, contrastado con las bestias (tipos de los reinos de este mundo) representa al hombre por excelencia, al Mesías, destinado a recibir con todos los santos el reino universal y eterno: «Entonces le fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se acabará; y su reino, uno que no será destruido» (vv. 14, 27). Otra cuestión es saber si el vidente estaba pensando en un individuo o en una colectividad; las bestias figuraban tanto a los imperios como a sus reyes, por lo que no se puede excluir completamente que se haga alusión al rey del pueblo santo. Es evidente que en esta visión «hijo del hombre» tiene un valor simbólico, representativo de una realidad mesiánica más amplia y compleja que la indicada mediante la expresión «hijo de David». El Hijo del hombre de Daniel asume las características de aquel que vendrá a establecer el reino de Yahvé. La gloria, el poder y el juicio que se describen, añaden al concepto mesiánico anterior una connotación escatológica que hasta entonces no se hallaba en los textos.
En el libro de Enoc
En el Libro de Enoc esta
expresión aparece 14 veces en la sección del libro titulada “El libro de las
parábolas” y se emplea casi como título del Mesías real que al fin de los
tiempos se sentará sobre su trono de gloria como juez universal, salvador y
vengador de los justos, llamados a vivir cerca de él después de su resurrección.
Veamos una lectura de este a partir de la segunda parábola y centrándonos en
los capítulos donde aparece directamente la expresión “Hijo del Hombre”:
· Enoc
45:1-6
"Ésta es la segunda
parábola, acerca de quienes rechazan la comunidad de los santos y al Señor de los
espíritus. "Ellos no subirán al interior del cielo ni volverán a la
tierra, tal será la suerte los pecadores que han renegado del nombre del Señor
de los espíritus a quienes tú has reservado para el día del sufrimiento y la tribulación.[1] "En este día mi
Elegido se sentará sobre el trono de gloria y juzgará sus obras; sus sitios de
descanso serán innumerables y dentro de ellos sus espíritus se fortalecerán
cuando vean a mi Elegido y a aquellos que han apelado a mi nombre glorioso. "Entonces,
haré que mi Elegido habite entre ellos; transformaré el cielo y lo convertiré
en bendición y luz eternas; transformaré la tierra y haré que mis elegidos la
habiten, pero los pecadores y los malvados no pondrán los pies allí. "Porque
he abastecido y satisfecho con paz a mis justos y los he hecho vivir ante mí;
pero el juicio de los pecadores es inminente, de manera que los destruiré en la
faz de la tierra".
· Enoc
46:1-8
Allí vi a alguien que
tenía una Cabeza de los Días y su cabeza era blanca como lana; con Él había
otro, cuya figura tenía la apariencia de un hombre y su cara era llena de
gracia como la de los santos ángeles.[2] Le pregunté al ángel que
iba conmigo y que me mostraba todas las cosas secretas con respecto a este Hijo
del Hombre: "¿Quién es éste, de dónde viene y por qué va con la Cabeza de
los Días?". Me respondió y me dijo: "Este es el Hijo del Hombre, que
posee la justicia y con quien vive la justicia y que revelará todos los tesoros
ocultos, porque el Señor de los espíritus lo ha escogido y tiene como destino
la mayor dignidad ante el Señor de los espíritus, justamente y por siempre.[3]
"El Hijo del Hombre
que has visto, levantará a los reyes y a los poderosos de sus lechos y a los
fuertes de sus tronos; desatará los frenos de los fuertes y les partirá los
dientes a los pecadores;[4] derrocará a los reyes de
sus tronos y reinos, porque ellos no le han ensalzado y alabado ni reconocieron
humildemente de dónde les fue otorgada la realeza.[5] "Le cambiará la cara
a los fuertes llenándolos de temor; las tinieblas serán su morada y los gusanos
su cama, y no tendrán esperanza de levantarse de esa cama, porque no exaltaron
el nombre del Señor de los espíritus.
"Estos que juzgan a
las estrellas del cielo, que levantan sus manos contra el más Alto, que oprimen
la tierra y habitan sobre ella, cuyas acciones expresan todas injusticia, cuyo
poder reside en su riqueza, cuya confianza está puesta en los dioses que ellos
han hecho con sus manos: ellos niegan el nombre del Señor de los espíritus; ellos
persiguen sus congregaciones y a los fieles, a quienes condenan en nombre del
Señor de los espíritus.
· Enoc
47:1-4
En esos días la oración
de los justos y la sangre de los justos habrán subido desde la tierra, hasta el
Señor de los espíritus. En tales días los santos que habitan en lo alto de los
cielos se unirán en una sola voz: suplicarán, orarán, alabarán, darán gracias y
bendecirán el nombre del Señor de los espíritus, en nombre de la sangre de los
justos que ha sido derramada y para que la oración de los justos no sea en vano
ante el Señor de los espíritus, se haga justicia y su paciencia no sea eterna.[6] En esos tiempos vi la
Cabeza de los Días cuando se sentó en el trono de su gloria y los libros de los
vivos fueron abiertos ante Él. Todas sus huestes que habitan en lo alto del
cielo y su corte estaban ante Él.[7] Y el corazón de los santos
se llenó de alegría, porque el número de los justos ha sido establecido, la oración
de los justos ha sido escuchada y la sangre de los justo ha sido denunciada
ante el Señor de los espíritus.[8]
· Enoc
48:1-10
En ese lugar vi la fuente
de la justicia, la cual era inagotable, y a su alrededor había muchas fuentes
de sabiduría, todos los sedientos bebían de ellas y se llenaban de sabiduría y
habitaban con los santos, los justos y los elegidos.[9] En ese momento ese Hijo
del Hombre fue nombrado en presencia del Señor de los espíritus y su nombre
ante la Cabeza de los Días. Ya antes de que el sol y los signos fueran creados,
antes de que las estrellas del cielo fueran hechas, su nombre fue pronunciado
ante el Señor de los espíritus. Él será para los justos un bastón en el que
puedan apoyarse y no caer; será luz para las naciones y esperanza para los que
sufren. Todos los que habitan sobre la tierra se prosternarán y lo adorarán;
alabarán, bendecirán y celebrarán con canciones al Señor de los espíritus. Por
tal razón ha sido él Elegido y reservado ante Él, desde antes de la creación
del mundo y para siempre.[10] La sabiduría del Señor de
los espíritus lo ha revelado a los santos y a los justos, porque Él ha preservado
el destino de los justos, porque ellos han odiado y despreciado a este mundo de
injusticia y han odiado todas sus obras y caminos, en el nombre del Señor de
los espíritus, porque por su nombre serán salvados ellos y Él vengará sus
vidas. En estos días los reyes de la tierra y los poderosos que dominan la
tierra tendrán el rostro abatido a causa de la obra de sus manos, porque del
día de la su angustia y aflicción no se salvarán.
Los entregaré en las
manos de mis elegidos, como la paja en el fuego arderán frente la cara de los santos
y como el plomo en el agua serán sumergidos frente a la cara de los justos ,
así serán sumergidos frente a la cara de los justos y no se encontrará más
rastro de ellos. En el día de su aflicción habrá descanso en la tierra, ante
ellos caerán y no se levantarán jamás y nadie estará para levantarlos, porque
han renegado del Señor de los espíritus y su Ungido. ¡Qué sea bendito el nombre
del de Señor de los espíritus!
· Enoc
62:1-16
Así ordenó el Señor a los
reyes, a los poderosos, a los dignatarios y a todos los que viven sobre la tierra,
diciendo: "Abrid los ojos y levantad vuestras frentes por si sois capaces
de reconocer al Elegido". El Señor de los espíritus se sentó en su trono
de gloria, el espíritu de justicia se esparció sobre Él y la palabra de su boca
exterminó a todos los pecadores e injustos y ninguno de ellos subsistirá frente
a Él.[11] Ese día todos los reyes y
los poderosos y los que dominan la tierra se levantarán, le verán y le reconocerán
cuando se siente sobre el trono de su gloria; la justicia será juzgada ante Él
y no se pronunciará palabra vana frente a Él. El dolor vendrá sobre ellos como
a una mujer en un parto difícil, cuando su hijo viene por la abertura de la
pelvis y sufre para dar a luz. [12] Se mirarán los unos a los
otros aterrorizados, bajarán la mirada y la pena se apoderará de ellos cuando vean
a este Hijo de Mujer sentarse sobre el trono de su gloria.[13]
Y los reyes, los
poderosos y todos los que dominan la tierra alabarán, bendecirán y ensalzarán a
quien reina sobre todo lo que es secreto. Porque desde el principio el Hijo del
Hombre fue ocultado y el Más Alto lo preservó en medio de su poder y lo reveló
a los elegidos. La asamblea de los elegidos y los santos será sembrada y todos
los elegidos se sostendrán en pie en ese día; pero los reyes, los poderosos,
los dignatarios y los que dominan la tierra caerán ante Él sobre sus rostros,
adorarán y pondrán su esperanza en este Hijo del Hombre, le suplicarán y le
pedirán misericordia. Sin embargo, el Señor de los espíritus los apremiará para
que se apresuren a salir de su presencia, avergonzará sus caras y las tinieblas
se acumularán sobre sus rostros;[14] Él los entregará a los de
castigo para ejecutar la venganza porque han oprimido a sus hijos, a sus elegidos.
Serán un espectáculo para los justos y los elegidos, quienes se alegrarán a
costa de ellos, porque la ira del Señor de los espíritus cayó sobre ellos y su
espada se emborrachó con su sangre.
En cambio los justos y
los elegidos serán salvados ese día y nunca más le verán la cara a los pecadores
ni a los injustos. El Señor de los
espíritus residirá sobre ellos y con este Hijo del Hombre comerán, descansarán
y se levantarán por los siglos de los siglos. Los justos y los elegidos se
habrán levantado de la tierra, dejarán de estar cabizbajos y se vestirán con
prendas de gloria.[15] Tales serán las prendas
de vida del Señor de los espíritus: vuestra ropa no envejecerá y vuestra gloria
no terminará ante el Señor de los espíritus.[16]
· Enoc
63:1-12
En esos días los reyes,
los poderosos y los que dominan la tierra suplicarán a los ángeles del castigo,
a quienes habrán sido entregados, para que les den un poco de descanso, y
puedan postrarse ante el Señor de los espíritus, adorarlo y reconocer sus
pecados ante Él.[17]
Bendecirán y alabarán al Señor de los espíritus y dirán: "Bendito es el
Señor de los espíritus, Señor de reyes, Señor de los poderosos, Señor de los
ricos, Señor de gloria, Señor de sabiduría; "Sobre todas las cosas
secretas es esplendoroso tu poder de generación en generación y tu gloria por los
siglos de los siglos; profundos e innumerables son tus misterios e
inconmensurable es tu justicia. "Ahora hemos aprendido que debemos alabar
y bendecir al Señor de los reyes pues reina sobre todos los reyes".[18] Y ellos dirán:
"Ojalá hubiera descanso para glorificar y dar gracias y confesar nuestra
fe ante su gloria.
"Ahora suspiramos
por un pequeño descanso, pero no lo encontramos, insistimos pero no lo obtenemos;
la luz se desvanece ante nosotros y las tinieblas son nuestra morada por los
siglos de los siglos. "Porque ante Él no hemos creído ni hemos alabado el
nombre del Señor de los espíritus y en cambio nuestras esperanzas estuvieron en
el cetro de nuestro reinado y en nuestra gloria. "Así, el día de nuestro
sufrimiento y tribulación Él no nos ha salvado y no encontramos tregua para confesar
que nuestro Señor es veraz en todas su obras y su justicia y que en su juicio
no hace acepción de personas.[19] "Desaparecemos de su
presencia a causa de nuestras obras y todos nuestros pecados han sido contabilizados
justamente." Después ellos se dirán: "Nuestras almas están llenas de
riquezas injustas pero ellas no nos preservan de descender en medio del peso de
la muerte".[20]
Luego, sus rostros estarán llenos de oscuridad y de vergüenza ante el Hijo del
Hombre, serán expulsados de su presencia y la espada permanecerá frente a sus
caras.[21] Entonces dijo el Señor de
los espíritus: "Tal es la sentencia y el juicio con respecto a los
poderosos, los reyes, los dignatarios y aquellos que dominaron la tierra frente
al Señor de los espíritus".
· Enoc
69:1-29
Después de este juicio
estarán llenos de estupor y los harán temblar porque ellos han revelado aquello
a los humanos que habitan la tierra. He aquí los nombres de estos Vigilantes:
Shemihaza, quien era el principal y en orden con relación a él, Ar'taqof,
Rama'el, Kokab'el, -'el, Ra'ma'el, Dani'el, Zeq'el, Baraq'el, 'Asa'el, Harmoni,
Matra'el, 'Anan'el, Sato'el, Shamsi'el, Sahari'el, Tumi'el, Turi'el, Yomi'el, y
Yehadi'el. Y los que siguen son los nombres de sus ángeles, de sus jefes de
centenas y cincuentenas. El primero es Yeqon, éste indujo a todos los hijos del
cielo y los hizo descender sobre la tierra y los sedujo con las hijas de los
hombres. El nombre del segundo es Asbe'el, éste dio un mal consejo a los hijos
del cielo y los condujo a corromperse a sí mismos con las hijas de los hombres.
El nombre del tercero es G'adri'el, este mostró a las hijas de los hombres
todas las formas de dar muerte, fue él quien sedujo a Eva y él es quien enseñó
a los hijos de los hombres los escudos, las corazas, las espadas de combate y
todas las armas de muerte; desde su mano ellos han procedido en contra de
quienes viven en la tierra desde ese día y por todas las generaciones.
El nombre del cuarto es
Panamu'el, éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce y les reveló
todos los secretos de su sabiduría: les enseñó a los humanos a escribir con
tinta y papiros y son muchos los que se han descarriado a causa de ello, desde
el comienzo hasta este día. Porque los hombres no han sido traídos al mundo con
el propósito de afianzar su creencia en la tinta y el papel, sino que los
humanos han sido creados con la intención de que vivieran puros y justos para
que la muerte que todo lo destruye no pudiera alcanzarles. Pero por culpa de
este conocimiento suyo, el poder de ella me devora. El nombre del quinto es
K'asdeya'el, este mostró a los hijos de los hombres todas la plagas de los espíritus
y los demonios: la plaga de embrión en el vientre para que aborte, la mordedura
de serpiente, la plaga que sobreviene con el calor de mediodía, el hijo de la
serpiente cuyo nombre es Taba'et.
Esta es la tarea de
K'asbe'el, mostró a los santos el jefe del juramento, cuyo nombre es B'iq'a. Éste
pidió a Miguel que le revelase el nombre secreto para que el lo mencionara en
el juramento, porque aquellos que han revelado a los hijos de los hombres todo
lo que es secreto, tiemblan ante este nombre. He aquí que el poder de este
juramento es fuerte y poderos y Él dispuso este juramento Aka'e, en la mano de
Miguel. Estos son los secretos de este juramento: ellos son fuertes en su
juramento y el cielo fue suspendido antes de que el mundo fuera creado; por
ello la tierra ha sido cimentada sobre el agua y desde lo más recóndito de las
montañas provienen aguas hermosas, desde la creación del mundo hasta la
eternidad; debido a este juramento el mar ha sido creado y para su cimiento en
el tiempo de la cólera Él le ha dado arena y ella no se atreve a irse más allá
desde la creación del mundo hasta la eternidad; por este juramento las
profundidades son firmes y estables y no se mueven de su sitio, desde la eternidad
hasta la eternidad; por este juramento el sol y la luna cumplen su ruta sin
desobedecer sus leyes, desde la eternidad hasta la eternidad; por este
juramente las estrellas siguen su curso, Él las llama por su nombre y ellas le
responden, desde la eternidad hasta la eternidad. De igual forma los espíritus
del agua, de los vientos y de todas las brisas desde todas las regiones de la
tierra. Allí son preservadas la voz del trueno y la luz del relámpago y allí
son preservados los depósitos del granizo, la escarcha, la nieve la lluvia y el
rocío.
Todos estos son fieles y
dan gracias ante el Señor de los espíritus y le alaban con todas sus fuerzas y su
alimento está en toda acción de gracias y agradecen, alaban y ensalzan el
nombre del Señor de los espíritus por los siglos de los siglos. Este juramento
es poderoso y a través de él, sus senderos son preservados y su curso no será destruido.
Y hubo gran alegría entre ellos, bendijeron alabaron y ensalzaron al Señor,
porque les ha sido revelado el nombre de este Hijo del Hombre. El se sentó
sobre el trono de su gloria y la suma del juicio le ha sido dada al Hijo del
Hombre y Él ha hecho que los pecadores sean expulsados y destruidos de la faz
de la tierra; y los que han descarriado al mundo serán atados con cadenas y en
el lugar donde habían sido reunidos para la destrucción serán encarcelados y
todas sus obras desaparecerán de la faz de la tierra.[22] A partir de entonces nada
se corromperá, porque este Hijo del Hombre ha aparecido y se ha sentado en el
trono de su gloria, toda maldad se alejará de su presencia y la palabra de este
Hijo del Hombre saldrá y se fortalecerá ante el Señor de los espíritus. Esta es
la tercera parábola de Enoc.
· Enoc
70:1-4
Y sucedió después esto:
que su nombre fue elevado en vida, arriba hacia este Hijo del Hombre y hacia el
Señor de los espíritus, lejos de los que viven en la tierra;[23] y fue elevado sobre el
carro del espíritu y el nombre desapareció de entre ellos. Desde ese día no fui
contado más entre ellos y Él me hizo sentar entre dos regiones, entre el norte
y el occidente, allí donde los ángeles habían tomado cuerdas para medir para mí
el lugar para los elegidos y los justos. Allí vi a los primeros padres y a los
justos que desde el comienzo habitan en ese lugar.
· Enoc
71:1-17
Y ocurrió entonces que mi
espíritu fue trasladado y ascendió a los cielos y vi a los hijos de Dios. Ellos
caminaban sobre llamas de fuego, sus ropas eran blancas y su cara resplandecía
como el cristal. Vi dos ríos de fuego, la luz de este fuego brillaba como el
jacinto y caí sobre mi rostro ante el Señor de los espíritus. El ángel Miguel
me tomó de la mano derecha, me levantó y me condujo dentro de toso los
misterios y me reveló los secretos de los justos;[24] me reveló los secretos de
los límites del cielo y todos los depósitos de las estrellas, de las
luminarias, por donde nacen en presencia de los santos.
El trasladó mi espíritu
dentro del cielo de los cielos y vi que allí había una edificación de cristal y
entre esos cristales, lenguas de fuego vivo.[25] Mi espíritu vio un
círculo que rodeaba de fuego esta edificación y en sus cuatro esquinas había
fuentes de fuego vivo.[26] Al rededor de ella había
Serafines, Querubines y Ofanines, estos son los que no duermen y vigilan el trono
de su gloria.
Vi innumerables ángeles,
miles y miles, miríadas y miríadas rodeando esa edificación y a Miguel, Rafael,
Gabriel y Sariel y a una multitud de santos incontable. Con ellos estaba la
cabeza de los Días, su cabeza era blanca y pura como la lana y sus vestidos
eran indescriptibles. Caí sobre mi rostro, todo mi cuerpo desmayó, mi espíritu
fue trasfigurado, grité con voz fuerte, con espíritu de poder y bendije, alabé
y exalté. Estas bendiciones que salieron de mi boca fuero consideradas
agradables ante esta Cabeza de los Días.
Y esta Cabeza de los Días
vino con Miguel, Gabriel, Rafael y Sariel y una multitud innumerable de ángeles.
Vino a mí, me saludó con su voz y me dijo: "Este es el Hijo del Hombre que
ha sido engendrado por la justicia, la justicia reside sobre él y la Cabeza de
los Días no le abandonará".[27] Me dijo: "Él
proclamará sobre ti la paz, en nombre del mundo por venir, porque desde allí ha
provenido la paz desde la creación del mundo y así la paz estará sobre ti para
siempre y por toda la eternidad.[28]
Todo andará por su camino
y mientras, la justicia no lo abandonará jamás, con Él vivirá, con Él su herencia
y de Él no será separada nunca ni por toda la eternidad.[29] Serán muchos días con
este Retoño del Hombre y la paz y el camino correcto será para los justos en nombre
del señor de los espíritus, eternamente.[30]
En los Evangelios
El empleo de la expresión
«Hijo del hombre» en los Evangelios presenta otras características destacables.
Aparece 78 veces en total, siempre en boca de Jesús y aplicada a sí mismo como
una evocación deliberada de Dn. 7:13-14 (cf. Mt. 24:30; Mc. 14:62, etc.). Esto
indicaría que no se trata de una creación de la comunidad primitiva, sino más
bien unas palabras formuladas por el mismo Jesús. Esteban también designa a
Jesús con esta expresión (Hch. 7:56), que progresivamente se convierte en un
título mesiánico con el que la comunidad primitiva identificó a Jesús con el
Señor escatológico (cf. Heb. 2:6; Ap. 1:13; 14:14). Contrariamente a lo que
ocurre en los LXX, siempre lleva artículo, ho huiós tu anthropu, υ ς το νθρ
που. Aunque el propio Jesús empleó esta expresión con tanta frecuencia, los discípulos
prefirieron algún título más honorífico para él, y no lo encontramos ni en San
Pablo ni en las Epístolas Universales. Algo similar hallamos, no obstante, en
el epistolario paulino cuando leemos que Cristo es «el segundo o último Adán».
Al elegir un título
semejante para expresar el misterio de su vida y su obra, Jesús no quiere solo
afirmar su fraternidad con los hombres, ni insistir en su condición humana,
sino que al mismo tiempo reivindica los atributos de la Deidad (Lc. 5:24). De
esta forma se define como un representante típico, paradigmático de la
humanidad, el «último Adán», el «segundo hombre» venido del cielo, en tanto que
el primero era de la tierra (1 Cor. 15:45, 47); en una palabra, el cabeza de la
nueva raza salvada por su sacrificio (Ro. 5:12-19). Jesús se aplica la
designación de «Hijo del hombre» en relación con toda la humanidad, en tanto
que «Hijo de David» es su título en relación con Israel, e «Hijo de Dios» su
nombre divino.
El título «Hijo del
hombre» en boca de Jesús hace referencia a su misión en la tierra, que es
misión del Padre, mediante la cual lleva a cabo la salvación de la humanidad
sometida a poderes terrenales inhumanos. «Frente a los detentores del poder,
representados como fieras, el enviado de Dios es el paradigma de humanidad: tan
humano como sólo el Hijo de Dios podía serlo. Dios no ejerce su soberanía desde
fuera y desde arriba sino humanamente, desde el hombre Jesús... porque Dios se
nos revela, se nos entrega y nos salva humanamente» (Pedro Trigo). Jesús atribuye
al título de «Hijo del hombre» un contenido ignorado por la tradición
apocalíptica cuando lo relaciona con el > siervo sufriente de Yahvé. En
oposición a la imagen apocalíptica del Hijo del hombre que pelea a muerte con
los pecadores, la imagen evangélica está llena de misericordia, no quiere la
muerte del pecador, sino que se convierta y viva. El Hijo del hombre se
identifica con los perdidos, los viene a buscar y a salvar (Lc. 19:10); da su
vida en rescate por muchos (Mc. 10:45). Como tal, y pese a la sorpresa que ello
provoca en sus oyentes, es entregado (Lc. 9:44), se deja crucificar y es
sepultado para resucitar triunfante sobre la muerte (Mt. 12:40; 20:18; 26:2); y
ha de volver en un futuro con su cuerpo glorificado para juzgar y reinar (Mt.
24:30, 39; 25:31; Jn. 5:26-29; Ap. 1:13-16).
El cuarto Evangelio
coincide con los sinópticos en presentar el título «Hijo del hombre»
exclusivamente en labios de Jesús. Desde el principio al fin, Jesús aparece
autodesignado como Hijo del hombre en estrecha relación con la divinidad.
Promete a sus discípulos que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios
subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre (Jn. 1:51; cf. Gn. 28:12). Él es el
revelador del Padre, «el que bajó del cielo» (Jn. 3:13), al mismo tiempo que el
mediador entre Dios y los hombres (Jn. 14:6,9-10). Esta mediación va asociada a
la idea de «elevación» (Jn. 3:14 15), que conlleva muerte y sufrimiento (Jn.
12:24), algo ajeno a las expectativas judías sobre un Mesías glorioso. Pero
para Jesús, la «hora» de muerte es la «hora de su gloria». «Ha llegado la hora
en que el Hijo del hombre será glorificado» (Jn. 12:23; cf. 13:31-32).
Probablemente Jesús
escogió el título «Hijo del hombre» porque, en su origen, presuponía
persecución, y a todas luces lo prefiere a «Mesías», demasiado implicado en las
perspectivas de gloria política de las esperanzas judías. Cuando durante su
proceso es interrogado por el sumo sacerdote para saberse si es el Mesías,
Jesús responde indirectamente identificándose con el «Hijo del hombre sentado a
la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo» (Mt. 26.64; cf. Sal.
110:1; Dan. 7:13). Al rechazar toda concepción terrenal mesiánica, dejó
aparecer su trascendencia divina, lo que le ganó la acusación de blasfemo (v.
65) y una sentencia de muerte (v. 66).
En conclusión, el título
«Hijo del hombre» utilizado por Jesús, «no es en modo alguno sinónimo de hombre
ni la representación del pueblo de Dios del AT, sino el Dios preexistente,
celeste, que descendió a la esfera humana de las tinieblas y de la mentira, que
llama a los suyos a la filiación divina y que después de una corta actividad
salvífica, sin haber estado separado ni un momento del mundo celeste, vuelve de
nuevo a su reino de gloria y entonces recibe a los renacidos, a los que han
sido trasladados al mundo divino por la acción del Espíritu, definitivamente en
las moradas o habitaciones celestes que el Padre les ha preparado» (Felipe F.
Ramos).
Los Padres de la Iglesia olvidaron un tanto el concepto de Jesús como Hijo del Hombre, que solo ha recibido atención en nuestra época contemporánea.
BIBLIOGRAFÍA
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Studium Legionense, 1998-1999; Id., “La «figura» del Hijo del hombre”, en
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[1] Pr
2:22
[2]
Dn
7:9,13; Ap 1:13,14
[3]
Dn
7:14; Mt 24:30, 26:64; Mc 13:26, 14:52; Lc 21:27, 22:69
[4]
Sal
110:5
[5] Lc 1:52
[6]
Ap
6:10; 4; Es 4:35-37
[7]
Ap
20:11,12
[8] Ap 6:11
[9]
Jn
4.10-14; Ap 20:6
[10]
Pr
8:23-30; Jn 1:3
[11] Ap 19:15
[12] Mc 13:8
[13] Dn 7:13; Mt 25:31; Mc 14:62
[14] Mt 25:41
[15] 1Co 15:53
[16] 2Co 5:2
[17] Lc 16:23-31
[18] Mt 23:39
[19] Si 42:1; St 2:5-9
[20] Lc 16:9
[21] Mt 26:64
[22] Ap 20:1-3
[23] Gn 5:24; Si 44:16; Sb 4:10-11; Hb
11:5
[24] Dn 12:1
[25] Ac 2:34
[26] Ap 21:11
[27] Dn 7:13; Za 6:12
[28] Is 9:5
[29] Sal 85:11-14
[30] Is 11:1; 53:2; 60:21
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