Asherah, la diosa madre
Introducción
Heb. 842 Asherah, ה רָ אֲ
ֵ = «estaca, madera». Sept. alsos λσος; Vulg. lucus. Diosa
cananea-fenicia de la fertilidad, consorte de Él, «padre de los dioses».
El descubrimiento de la Diosa
El nombre de Asherah, ה רָ
אֲ ֵ , solo se encuentra en el AT y por eso se solía identificar con el nombre
de Astarté. El descubrimiento de los textos prebíblicos de Ugarit, cultura
cananea del norte de Fenicia (s. XII-XI a.C.), revelaron que era una diosa con
fisonomía propia e independiente, bien caracterizada, llamada ’athrt =
Athiratu, que corresponde exactamente a la forma hebrea Asherah. Hasta ese
momento del descubrimiento (1929) las frecuentes referencias a una asherah o a
las asherot se entendían como alusiones a objetos cúlticos (cipos, postes, árboles,
etc.) que podían representar a diosas como Astarté o Anat.
En los textos de Ugarit,
Athiratu/Ashera aparece como consorte de El/Ilu, señora de las aguas oceánicas,
madre de los dioses. Se la menciona además como «la diosa» para indicar
su condición de consorte de El, con quien constituye la pareja divina
primordial, origen de los dioses. El los textos hebreos, cabe distinguir un
doble sentido de Asherah: como nombre de la Diosa cananea/israelita, y de
«poste» sagrado que la simboliza. «Contra lo que algunos exégetas han
sostenido y sostienen, el vocablo, cuando se refiere a un objeto que simboliza
a la Diosa, no significa ni “árbol (sagrado)”, ni “santuario”... En su sentido
más aceptado de «poste», no es un objeto “idolátrico”, sino un símbolo de la Diosa,
o sea que es un objeto vegetal (relacionado con una de sus funciones, la de dar
vida) trans-significado en símbolo que remite analógicamente a la Diosa misma
en la dimensión que es experimentada».[1]
Los textos donde Asherah
aparece como objeto cúltico (Dt. 16:21), revelan, primero, que el objeto, «poste»
que simboliza a Asherah está hecho de madera; segundo, que es «plantado», lo
que no se dice de una escultura sino de un tronco o poste; y, tercero, que su
instalación «junto al altar de Yavéh» indica el carácter cúltico del símbolo, y
sobre todo la asociación de la Diosa simbolizada con el propio Yavéh.
En pocos lugares aparece
la forma pl. asherôt, ם ת ר אֲ ֵ = «los postes», para designar el
símbolo específico de la diosa Asherah (2 Cro. 19:3; 33:3; singular en 2 R.
21:3). En general, el pl. aparece en masculino asherîm, י רִ א ֵ , en una larga
lista de textos, que al mismo tiempo enumeran diversos símbolos divinos o
instalaciones cúlticas (Ex. 34:13; Dt. 7:5; 12:3; 1 R. 14:15, 23; 2 R. 17:10;
23:14; 2 Cro. 14:2; 17:6; 24:18; 31:1; 34:3, 4, 7; Is. 17:8; 27:9; Jr. 17:2;
Mi. 5:13). En esos pasajes el término ya ha perdido su sentido originario de
símbolo de la diosa Asherá. La «masculinización» del vocablo es una
manera de borrar la memoria para alejar el recuerdo de la diosa pareja de
Yahvé.
Su culto en Israel
Varios textos del AT
revelan la implantación tan arraigada del culto a Ashera entre los israelitas
primitivos. Así, del padre de Gedeón se dice que tenía un altar de Baal, con
una asherah o «poste», junto a él (Jc. 6:25,28b.30), que es «quemado»
(v.26). En el territorio de Israel se han hallado diversas inscripciones con
invocaciones «a Yavéh y su Ashera». Una se ha encontrado en Kuntillet
Ajrud, cerca de Kades Barnea, en el desierto sur de Judea, cerca de la ruta que
une Gaza con el golfo de Aqaba, donde ha aparecido una vasija con un texto del
s. VIII a.C. que dice: «Yo te bendigo por Yahvé de Samaría y por su Ashera».
Ambos, Yahvé su Ashera constituyen un único principio divino de bendición.
Otra fórmula semejante,
aunque algo posterior (s. VI-VII a.C.), ha aparecido en Khirbet El-Qom, cerca
de Hebrón, sobre el pilar de una cueva funeraria, lo que prueba la importancia
de la diosa, asociada a Yahvé, en pleno período monárquico, en un momento en
que iban a iniciarse las «reformas yahvistas»: «Bendito sea Uriyahu
por Yahvé y por su Ashera». Eso significa que en un plano popular, en la
religión de la vida, por lo menos hasta el exilio, muchos israelitas veneraban
a un Dios dual, masculino y femenino, sin que la religión «más oficial» del
«sólo Yahvé» haya logrado imponerse.
Según eso, el culto a la
Ashera pertenecía a un estrato antiguo de la religión judía, en la que aparece
asociada como consorte del Dios supremo, definiendo un tipo de dualismo que
podía haber determinado toda la religión judía posterior. En el origen de la
realidad se encuentran, según eso, Dios y Diosa, lo masculino y lo femenino,
bendiciendo a sus devotos. Sólo tras el exilio, rechazando esa dualidad y queriendo
recuperar, en circunstancias distintas, la figura del «sólo Yahvé», que
va más allá de lo masculino y femenino (que no es Dios ni Diosa, sino Señor sin
imagen, ni forma), la religión israelita se centrará en un Dios trascendente,
aunque con rasgos que parecen más masculinos.
En un sentido, se podría
hablar de simbiosis, como si la unión de las dos figuras (Yahvé y Ashera)
desembocara en el surgimiento de un Dios único, con el nombre de Yahvé (que
tiende a mostrarse en forma masculina), pero que conserva rasgos femeninos de
Ashera, es decir, de maternidad, de ternura y amor. Eso significaría que Yahvé
recibirá propiedades que femeninas y maternas. Pero, en otro sentido, debe
afirmarse que, más que una simbiosis ha existido, un rechazo y una condena. Ciertamente,
Yahvé tendrá rasgos femeninos, pero en su estructura básica dominan los
masculinos; más aún, él pierde su carácter relacional y tiende a presentarse
como un «solitario» (sin imagen, ni compañía), en trascendencia pura,
dejando así que los hombres y mujeres de la tierra (de la historia) tengan que
definirse desde sí mismo, sin referencia a un dios-relación,
masculino-femenino.
Ashera la madre
En el principio de Israel
había dos grupos significativos: el grupo del «solo Yahvé», vinculada con los invasores,
que vinieron del desierto del Sur (y/o de Egipto), y el conjunto de los
habitantes de Canaán, que tendían a divinizar la tierra y el proceso de la
vida. En el primer caso Dios era Yahvé, poder superior, sin forma ni imagen. En
el segundo, era la pareja formada por Ilu-Elohim (Padre, masculino) e
Ilat-Ashera (Madre, femenina), formando una hierogamia engendradora.
El Esposo-Padre se llama
Ilu, nombre que más tarde, tanto en hebreo (El, Elohim) como en árabe (Allah),
ha pasado a significar simplemente Dios. Su función originaria consiste en
engendrar todo lo que existe, especialmente a los dioses inferiores, que suelen
llamarse bn(e) il, es decir, «hijo» o «hijos de Dios». Ilu es mlk
o «rey» (soberano y juez) y sabio/anciano (ab shanim, «padre de años»),
guardián y sentido profundo de todo lo que existe.
La Esposa-Madre es
Athiratu-Ashera, engendradora o creadora de los dioses (qnyt ilm), que
normalmente se presentan como sus hijos. Ella recibe a veces el nombre de Ilat,
es decir, la diosa por excelencia. También se le llama Athiratu Ym, diosa del
mar, quizá en recuerdo de su origen marino: ella es reflejo de las aguas
primigenias, portadoras de la vida. Los cananeos posteriores, igual que los
hebreos, la presentan como Ashera, la gran Diosa Madre originaria.
En esta perspectiva,
crear es engendrar, y así dioses y hombres forman parte de una misma cadena
vital, como supone un famoso canto de Ugarit: «Voy a invocar a los dioses
apuestos, a los voraces ya de sólo un día, que maman de los pezones de Athiratu,
de los pezones de la Señora».[2] Athiratu-Ashera es madre
de leche abundante y de pechos fecundos, signo de fertilidad, señora de la
generación y así, representada por dos sacerdotisas o consagradas, preside con
Ilu, su esposo, el gran rito: «Se dirigió Ilu a la orilla del Mar, y marchó
a la orilla del océano. Tomó Ilu a las dos consagradas... Mira, una se
agachaba, la otra se alzaba. Mira, una gritaba ¡padre, padre!, la otra ¡madre,
madre! Se alargaba la mano [miembro] de Ilu como el mar, la mano de Ilu como la
marea...Tomó Ilu a dos consagradas...».[3]
El ritual nos sitúa ante
las grandes aguas, lugar del que proviene Ashera y dónde están sus consagradas,
ante las que Ilu muestra su potencia y engendra todo lo que existe, en gesto de
fecundidad y deseo, que sus fieles celebran en el rito hierogámico del templo
donde las hieródulas o sacerdotisas (representantes de Ashera) vuelven a ser
poseídas (fecundadas) por el Dios de gran potencia. Ilu se define por su
miembro, Athiratu por sus pechos. Los dos unidos forman el principio de la vida
y así de su unión brotan los dioses apuestos: Sahru, la Aurora (heb. sahar), y
Salimu, el Ocaso (heb. salem), es decir, el día entero, principio y fin de la
existencia.
Este culto a la diosa
madre aparece bien atestiguado en la vida y religión de Israel por lo menos
hasta la reforma de Josías y el exilio (finales del s. VII y principios del VI
a.C.). Ciertamente, al cumplirse ese período se fue imponiendo Yahvé, como Dios
único, asexuado y sin imagen, el Dios del desierto y la conquista de la tierra,
que se vincula al fin, de un modo especial, con la ciudad y templo de
Jerusalén. Pero seguían venerándose a su lado otros dioses y en especial
Ashera, madre divina engendradora.
La supresión de Ashera
Como arriba se ha dicho,
la palabra asherah puede significar tanto la diosa como su imagen o lugar de
culto, vinculado en especial a los árboles y a las fuentes, pero también a las
figuras de las diosas-madres (de grandes pechos). Pues bien, los partidarios de
«sólo Yahvé» han condenado de un modo tajante no sólo a la Ashera-Diosa,
sino también a sus signos, como muestran una serie de textos que parecen
vinculados a un «pacto de conquista» entre Yahvé y sus fieles, a quienes él promete
la tierra, exigiendo que destruyan el culto de la diosa: «Destruiréis sus
altares, quebraréis sus estelas sagradas, destruiréis sus imágenes de Ashera y
quemaréis sus esculturas en el fuego» (Ex. 34:5). «Derribaréis sus
altares, quebraréis sus estelas sagradas y destruiréis sus imágenes de Ashera» (Dt.
7:5). «Derribaréis sus altares, quebraréis sus estatuas, quemaréis sus
imágenes de Ashera, destruiréis las esculturas de sus dioses y borraréis su
nombre de aquel lugar» (Dt. 12:3). «No plantarás ningún árbol para
Ashera cerca del altar de Yahvé, tu Dios, que hayas edificado» (Dt. 16:21).
Este culto a la Ashera,
que los yahvistas más fieles querían erradicar, formaba parte de la religión
normal de los israelitas que, conforme a la tradición constante de los libros
históricos (1 y 2 Reyes), se celebraba en los bamôt o «lugares altos», pequeñas
cumbres de colinas, al aire libre, donde solía reunirse la familia o el clan.
Esos «lugares altos» constaban básicamente de una estela/estatua, es
decir, de un monolito que era signo masculino de Dios, y de una ashera, signo
femenino, representado básicamente por un poste sagrado (o por una fuente de la
diosa). Lo divino aparecía de esa forma como expresión de totalidad cósmica y
vital, que podía hallarse vinculada con la memoria del mismo Yahvé (vinculado a
su Ashera).
La mayor parte de los
israelitas no vieron contradicción entre este culto de los «altozanos», donde
lo divino podía aparecer como masculino-femenino (con sus signos especiales), y
la soberanía de Yahvé, Dios único, venerado de un modo especial en Jerusalén
(como Dios único, sin imagen ninguna). Pero, en un momento dado, desde el
reinado de Ezequías (727-698 a.C.); que «apartó los lugares altos [bamôt],
rompió las estelas [massebôt] y rompió la asherah» (2 R. 18:4). Por contra,
su hijo Manasés deshizo la reforma de su padre, restableció los cultos no
yavistas, y «erigió altares a Baal e hizo una asherah como había hecho Ajab»
(2 R. 21:3). cf. 2 R. 18:4); pero con con la reforma deuteronomista de Josías
(640-609), los partidarios del «sólo Yahvé» lograron imponerse y
desacralizaron estos lugares altos con sus estelas/monolitos y sus árboles
sagrados, para imponer la religión de «sólo Yahvé» desde el templo de
Jerusalén: «sacó la asherah de la casa de Yavéh fuera de Jerusalén, al
torrente Cedrón, y la quemó en el torrente Cedrón y la redujo a polvo; luego
arrojó su polvo sobre la tumba de los hijos del pueblo» (2 R. 23:6).
El historiador deuteronomista se queja en 2 R. 13:6 de que en tiempos de Joacaz «la asherah siguió en pie en Samaria» y explica la ruina de Samaria porque «abandonaron todos los mandamientos de Yavéh y se hicieron una fundición, los dos becerros, e hicieron una asherah y se postraron ante todo el Ejército de los Cielos y veneraron a Baal» (2 R. 17:16).
[1] J.S. Croatto, “La diosa Asherá en
el antiguo Israel. El aporte epigráfico de la arqueología”, en RIBLA 38
(2001:1) 29-39
[2] M. Dietrich, ed., Die
keilalphabetische Texte aus Ugarit. I. Transcription (KTU) (Kevelaer,
Neukirchen-Vluyn 1976/, trad. cast. G. del Olmo, Mitos y leyendas de Canaán
según la tradición de Ugarit. Textos, versión y estudio, Cristiandad 1981)
[3] M. Dietrich, ed., Die
keilalphabetische Texte aus Ugarit. I. Transcription (KTU) (Kevelaer,
Neukirchen-Vluyn 1976/, trad. cast. G. del Olmo, Mitos y leyendas de Canaán
según la tradición de Ugarit. Textos, versión y estudio, Cristiandad 1981)
BIBLIOGRAFÍA: S. Ackerman, “The Queen Mother and the Cult in Ancient Israel”, en JBL 112 (1993) 385-401; B. Becking, K. Vriezen, M. Korpel y M. Dijkstra, Only One God? Monotheism in Ancient Israel and the Veneration of the Goddess Asherah (Sheffield Academic Press 2002); K.H. Bernhardt, “Aschera in Ugarit und im Alten Testament”, en Mitteilungen des Instituts fur Orientforschung, 1967, 163-174; I. Cornelius, The Many Faces of the Goddess. The Iconography of the Syro-Palestinian Goddesses Anat, Astarte, Qedeshet, and Asherah c. 1500-1000 BCE (Freiburg/Schweiz 2004);; J. Day, Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan (Sheffield Academic Press 2002);; M. Dietrich y O. Loretz, Yahwe und seine Aschera (UBL, Münster 1992); C. Frevel, Aschera und der Ausschließlichkeitsanspruch YHWHs (BBB 94, Weinheim 1995); J.M. Hadley, The Cult of Asherah in Ancient Israel and Judah: Evidence for a Hebrew Goddess (Cambridge University Press 2000); O. Keel, Goddesses and Trees, New Moon and Yahweh (Sheffield Academic Press 1998); O. Keel y Ch. Uehlinger, Gods, Goddesses, and Images of God in Ancient Israel (Fortress 1999); R. Kletter, The Judean Pillar-Figurines and the Archaeology of Asherah (Tempus Reparatum, Oxford: 1996); S. Olyan, Asherah and the cult of Yahweh in Israel (SBLMS 34, Atlanta 1988); R.J. Pettey, Asherah, Goddes of Israel (AUS VII, 74, Nueva York 1990); X. Pikaza, Mujeres de la Biblia judía (CLIE 2012); S. Schroer, In Israel gab es Bilder: Nachrichten von darstellender Kunst im Alten Testament (Freiburg/Schweiz 1987); S. Schroer y O. Keel, Die Ikonographie Palästinas/Israels und der Alte Orient: Eine Religionsgeschichte in Bildern I-II (Academic Press, Freiburg 2005/2008); M.S. Smith, The Early History of God: Yahweh and the Other Deities in Ancient Israel (Erdmans 2002); F. Stavrakopoulou y J. Baron, Religious Diversity in Ancient Israel and Judah (T&T Clark 2010); M.Th. Wacker y E. Zenger, eds., Der Eine Gott und die Göttin. Gottesvorstellungen des biblischen Israel im Horizont feministischer Theologie (Freiburg im B. 1991); S. Wiggins, A Reassesment of “Asherah”. A study according to the textual sources of the first two millennia B.C.E (AOAT 235, Neukirchen-Vluyn 1993); Z. Zevit, Religions of Ancient Israel: A Synthesis of Parallactic Approaches (Continuum, Nueva York 2001). Xavier Pikaza
Comentarios
Publicar un comentario
Cada comentario que usted vaya a redactar en este blogs es necesario que sepa antes de, que lo valoramos por su tiempo, pero que así mismo le pedimos que sea lo más respetuoso posible. Podemos diferir sobre algunos puntos, pero eso no nos debe llevar a la falta de respeto el uno con el otro. ¡Muchas gracias!