Introducción al pentateuco | Introducción a la Biblia con Feliberto Vásquez Rodriguez
Introducción
Los
primeros cinco libros de la Biblia (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio) forman una unidad literaria completa conocida como el Pentateuco,
palabra que significa «los cinco rollos». Los cinco libros independientes del
Pentateuco fueron escritos como una unidad ininterrumpida en contenido y
secuencia histórica, comenzando cada libro sucesivo donde había terminado el
anterior.
Las
cinco primeras palabras de Génesis, «En el principio creó Dios…» (Gn 1.1),
implican la realidad de la existencia eterna de Dios o «antes del tiempo» y
anuncian la transición espectacular al tiempo y espacio. Si bien no puede
determinarse con exactitud la fecha de la creación, cabe ciertamente estimarla
en miles de años, no en millones. Comenzando con Abraham (ca. 2165–1990 A.C.)
en Génesis 11, este libro de los comienzos abarca unos 300 años hasta la muerte
de José en Egipto (ca. 1804 A.C.). Encontramos entonces otro intervalo de casi
300 años hasta el nacimiento de Moisés en Egipto (ca. 1525 A.C.; Éx 2).
Éxodo
comienza con las palabras «Estos son los nombres» (Éx 1.1), y en el capítulo 46
de Génesis menciona a los miembros de la familia de Jacob que marcharon con él
a Egipto para vivir con José. El segundo libro del Pentateuco registra la
salida de los israelitas de Egipto y concluye cuando la nube, que dirige al
pueblo a través del desierto, desciende sobre el tabernáculo que acababan de
construir.
Las
primeras palabras hebreas del libro de Levítico se traducen: «Llamó Jehová a
Moisés» (Lv 1.1). Desde la nube de la presencia de Dios en el tabernáculo de
reunión (Lv 1.1), Dios llamó a Moisés con el fin de darle las leyes
ceremoniales que enseñaban a los israelitas cómo debían acudir a la presencia
del Dios santo. Levítico concluye diciendo: «Estos son los mandamientos que
ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí» (Lv
27.34).
Números,
a semejanza de Levítico, comienza con Dios hablándole a Moisés en el
tabernáculo de reunión, encargándole esta vez que haga un censo de todo el
pueblo como preparación para la guerra contra los enemigos de Israel. El título
del libro en el original hebreo representa exactamente el contenido: «En el
desierto». Debido a la falta de confianza en Dios, Israel no quiso enfrentarse
militarmente a sus enemigos con el fin de heredar la Tierra Prometida. Por fin,
después de cuarenta años de peregrinación por el desierto a causa de su
rebelión, Israel llegó a las llanuras de Moab.
A
pesar del hecho de que «once jornadas hay desde Horeb, camino del monte Seir,
hasta Cades-barnea» (Dt 1.2), el viaje le llevó a Israel cuarenta años a causa
de su rebelión contra Dios. Moisés predicó el libro de Deuteronomio como un
sermón en las llanuras de Moab, en preparación para la entrada del pueblo de
Dios a la Tierra Prometida en el pacto (Gn 12.1–3). El título Deuteronomio
procede de la frase del griego deuteros nomos, que significa «segunda ley». El
libro se centra en la reafirmación y, hasta cierto punto, en la reaplicación de
la ley en las nuevas circunstancias de Israel.
Moisés
fue el autor humano del Pentateuco (Éx 17.14; 24.4; Nm 33.1, 2; Dt 31.9; Jos
1.8; 2 R 21.8); de ahí que otro título para esta colección de libros sea «Los
libros de Moisés». Por medio de Moisés, Dios se reveló a sí mismo, sus obras
anteriores, la historia de las familias de Israel y su papel en su plan de
redención para la humanidad. El Pentateuco es fundamental para todo el resto de
las Escrituras.
Citado
o aludido miles de veces en el Antiguo y Nuevo Testamento, el Pentateuco fue el
primer conjunto de Escrituras inspiradas de Israel. Durante muchos años esta
fue la única Biblia de Israel. Otro título común para esta sección de las
Escrituras es Torá o ley, nomenclatura que habla de la naturaleza didáctica de
estos libros. Los israelitas estaban llamados a meditar en ella (Jos 1.8), a
enseñarla a sus hijos (Dt 6.4–8) y a leerla públicamente (Neh 8.1ss). Poco
antes de su muerte y de que Israel entrara en la Tierra Prometida, Moisés
estableció el proceso mediante el cual la lectura pública se convertiría en
instrumento para entrar en el corazón humano, cambiar su relación con Dios y
finalmente su conducta:
Harás
congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que
estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro
Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.
DEUTERONOMIO 31.12
La
relación entre los mandatos es importante. El pueblo debe:
- reunirse
para escuchar la ley con el fin de aprender lo que se requiere de ellos y lo
que tiene que decir acerca de Dios;
- aprender
acerca del Señor con el fin de temerle sobre la base de un entendimiento
correcto de quién es Él; y
- temer
a Dios con el propósito de motivarlos correctamente a la obediencia y a las
buenas obras.
Cuando
las buenas obras se realizan por otras razones no están debidamente motivadas.
Los sacerdotes enseñaban la ley a las familias (Mal 2.4 7) y los padres
instruían a los hijos en el seno del hogar (Dt 6.4ss). En resumen, la
instrucción en la ley proveería del fundamento correcto para la relación del
creyente con Dios en el Antiguo Testamento.
Debido
a que el conocimiento que los israelitas tenían del mundo en el que vivían
procedía de los egipcios, como también de sus antepasados en Mesopotamia, había
mucha confusión acerca de la creación del mundo, cómo había llegado a su estado
presente y cómo Israel había llegado a existir. Génesis 1 —11 ayudó a Israel a
entender el origen y la naturaleza de la creación, el trabajo humano, el
pecado, el matrimonio, el homicidio, la muerte, la bigamia, el juicio, la
variedad de idiomas, culturas, etc. Estos capítulos establecieron la
cosmovisión que explicaba el resto de la primera Biblia de Israel: el
Pentateuco.
La
última parte de Génesis le explicaba a Israel quiénes eran, lo cual incluía los
propósitos que Dios tenía para ellos como un pueblo. En Génesis 12.1–3, Dios se
le apareció a Abraham y le hizo la promesa triple de darle una tierra,
descendientes y una bendición. Años después, en una ceremonia típica de la cultura
del tiempo de Abraham, Dios reformuló la triple promesa en un pacto (Gn
15.7ss). El resto de Génesis nos habla del cumplimiento de la triple promesa,
pero enfocándose especialmente en la simiente o los descendientes. La
esterilidad de cada una de las esposas escogidas de los patriarcas le enseñó a
Israel la importancia de la confianza y la paciencia para esperar que los hijos
vinieran de Dios.
El
resto del Pentateuco tiene que ver con la forma en que las promesas de Génesis
12.1–3 se desarrollan en el pacto abrahámico y alcanzan sus etapas iniciales de
cumplimiento. Éxodo y Levítico se enfocan más en la bendición de la relación
con Dios. En Éxodo, Israel se encuentra con el Dios de sus padres y es dirigido
por Él desde Egipto a la Tierra Prometida. Levítico subraya el cuidado
meticuloso con el que el pueblo y los sacerdotes tenían que acercarse a Dios en
adoración y en las otras dimensiones de su vida. La santidad y la pureza
aparecen unidas en formas sencillas y prácticas. Números y Deuteronomio se enfocan
en el viaje hacia la Tierra Prometida y en la preparación para entrar en ella.
El Pentateuco trata muchos asuntos que tienen que ver con la relación de Israel
con su Dios. Pero el tema subyacente del Pentateuco es el desarrollo y el
cumplimiento inicial de las promesas que Dios le hizo a Abraham.



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